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Carlos A. Ochoa Blanco

Carlos A. Ochoa Blanco

Colaborador Revista Argentinos.es
Carlos A. Ochoa Blanco

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Hay una película, donde el protagonista, al despertar por la mañana, vive una y otra vez todas las peripecias del día anterior. El film es de origen norteamericano y en España lleva el nombre de Atrapado en el tiempo. No voy a contar su trama, pues si alguno no la ha visto, no está bien que le estropee el final. Pero esa película, que transcurre en el Día la Marmota, ha dado nombre a situaciones que se repiten con asiduidad. Por eso en tertulias o conversaciones, cuando algo sucede una y otra vez, siempre alguien suele decir: «Parece El Día de la Marmota».

Pues bien, otra vez hemos llegado a fin de año y otra vez el mes de diciembre se transforma en el mes del «Día de la Marmota». Otra vez nos deseamos lo mejor para el próximo año. Otra vez desde los distintos programas de televisión o radio se dirán bonitas, tiernas y edulcoradas palabras, acompañadas de alguna dulce cancioncilla, que nos llegará al corazón. Nuevamente esperaremos, como quien espera la lotería, que el nuevo año nos traiga la paz mundial, mientras las fábricas de armas siguen trabajando a tope, creando elementos para matar, más y mejor.

Año tras año todo se repite, y algunos, que ya hemos llegado a los 65 años, como yo, al analizar el pasado, comprobamos que el 90% de lo que se dice, es puro formulismo, pura retórica. En realidad sabemos que no habrá paz, sabemos que con en el nuevo año, en el mundo, pasarán miles de millones de desgracias y que en realidad nuestra vida es como el juego de la ruleta rusa. No sabemos lo que nos puede tocar, pero igualmente seguimos actuando como en el «Día de la Marmota», desparramando frases melosas, para parientes, amigos y desconocidos.

Cuando en las zonas del mundo, en donde se celebra el fin de año, levantemos las copas para brindar y desearnos felicidad, resulta que en el planeta habrá millones de personas sufriendo por diversas razones, pero nosotros, ante una realidad que no queremos ver, seguiremos creyendo en la paz, el amor y en que el próximo año será, milagrosamente, mejor para todos.

En realidad es ahí donde está el problema, esperamos que el año nuevo sea el que nos solucione todo, cuando la realidad es que la solución está en cada uno de nosotros. Si cambiásemos nuestros comportamientos y dejásemos de pensar que Dios o el año nuevo son los que tienen que solucionar nuestros problemas y hacer que nuestra vida sea mejor, quizás lográsemos que algunas cosas se hagan realidad y nuestra vida sea mucho mejor de lo que es.

No se puede trabajar en una fábrica de armas y pedir que no haya guerras en el mundo. Lo que hay que hacer es dejar de fabricar armas, que sirven para que la riqueza de los que nos mandan se acreciente, mientras unos y otros nos enfrentamos, porque ellos nos convencen de que somos enemigos.

Si tu ciudad está sucia, no le pidas al nuevo año que haga que tu ciudad esté limpia. Empieza por ser limpio tú y no ensucies el suelo o las paredes de tu ciudad. Si quieres que tu país funcione mejor, no votes locamente por lo que te digan algunos charlatanes. Estúdiate el pedigrí de tus políticos, lo mismo que un buen ganadero estudia el pedigrí de sus animales, para mejorar su hacienda.

Si quieres que el próximo año haya menos pobres, no esperes que sea el año nuevo o Dios el que lo solucione. Si puedes, busca a los pobres más cercanos a tu casa y ayúdalos en lo que puedas, no te fíes de los que te piden para ayudar a pobres que están a miles de kilómetros y que tú no puedes comprobar si tu ayuda les llega. Si cada uno ayudase a los que tiene más cerca, esa ayuda también terminaría alcanzando a los pobres lejanos, porque en su país también habría gente que haría lo mismo. La organización que quiera ayudar a los pobres de aquellos países, que empiece por ablandar las conciencias de los poderosos de aquellas regiones, en vez de intentar ablandar tu conciencia, que está a miles de kilómetros de esos pobres.

Las soluciones para los problemas de la humanidad no llegarán porque cambie el número del calendario o almanaque. Tampoco llegará porque deseemos felicidad a los demás. En realidad llegará cuando nosotros hagamos que la vida de los demás sea más feliz, porque todo será una cadena, y seguro que al final alguien nos hará felices a nosotros. o

El año nuevo no es más que un espacio de tiempo, en el que deberíamos reflexionar si vamos a seguir repitiendo las mismas frases hechas, como un «Día de la Marmota» o al final nos vamos a decidir a alegrarles la vida, a los que tenemos más cerca. En fin, esperemos que estas fiestas navideñas, que muchos no tienen ni idea de porqué se celebran, y el nuevo año, nos ayuden a meditar y dejemos de seguir viviendo en el «Día de la Marmota». Porque el mundo solo cambiará, cuando cambiemos nosotros. Un saludo.