The following two tabs change content below.
Cintia Ana Morrow
Una pequeña escritora intentando hacer este mundo más pequeño...
Cintia Ana Morrow

Ùltimas notas de Cintia Ana Morrow (mostrar todas)

Berlín me sorprendió. Me pareció enorme, ancha, monumental y me llamó la atención descubrir una ciudad tan moderna. Esto tiene una explicación: no quedó mucho en pie después de la Segunda Guerra Mundial, así que casi todo es nuevo.

Del régimen nazi y la Segunda Guerra Mundial queda bastante poco, aunque creo que para los berlineses es motivo de orgullo que no quede nada para recordarles tan funesta época. Tanto es así que encima del búnker de Hitler hoy en día hay un estacionamiento. Uno pasaría caminando sin apenas ver la placa que se puso en una de las esquinas, con el único objetivo de evitar que los turistas incordiáramos a los locales preguntándoles dónde quedaba. Hitler no se merecía más acertado reconocimiento.

Al final de una explanada de césped se alza el edificio del Parlamento o Reichstag. Hay que ir a ver su famosa cúpula, hecha enteramente de vidrio y desde la cual se tiene una estupenda vista de la ciudad de Berlín. Es una visita curiosa, recomendable y muy diferente a lo que uno esperaría de un edificio gubernamental. El diseño de vidrio fue elegido como sinónimo arquitectónico de la honestidad política y tiene la curiosidad de que se puede ver para afuera hacia la ciudad y para adentro hacia la sala legislativa.

Entrando en el centro de Berlín, lo primero que apareció ante nuestros ojos fue la famosa Puerta de Brandeburgo, un gran testigo de la historia de la ciudad y estrella de tantas fotos militares del régimen nazi. Es una construcción con enormes columnas redondas y, en la cima, una cuadriga de caballos que llevan a la diosa Victoria. En la época del Muro de Berlín, esta célebre puerta quedó en el espacio que había entre los muros exterior e interior y que se conocía como la Franja de la Muerte.

Desde la Puerta de Brandeburgo para fuera, se ve el enorme Tiergarten; y para el centro, comienza una de las avenidas más tradicionales de la ciudad: Unter den Linden (Bajo los Tilos).

A un lado se encuentra el Memorial del Holocausto. Es casi una manzana cubierta por 2711 estructuras de piedra que parecen sepulcros. El conjunto es triste y se presta a todo tipo de fotos bobas que no se pueden hacer. El arquitecto expresó que estaba diseñado para producir una sensación de confusión. A mí me hizo sentir vértigo geométrico porque todo está en un ángulo horrible y el suelo parece ondularse. Quizás se merecían algo menos controvertido, que se pareciera más a un memorial y menos a castigar a los berlineses usándoles una manzana en la mejor zona de Berlín para llenarla de sepulcros.

Una de las visitas que más me gustó fue el Museo de Pergamon. La curiosidad de este museo es que se fue construyendo alrededor de los descubrimientos que se trajeron a Berlín durante las campañas arqueológicas del 1900. Hay reconstrucciones extraordinarias de varios  edificios de la antigüedad, como la Puerta del Mercado de Miletus y sus pisos de mosaico; la Puerta de Istar de Babilonia, una de las entradas a la muralla de la ciudad; y la Fachada de Mushatta, con sus extraordinarios 30 metros de frisos decorados. Es impresionante.

El Muro de Berlín es uno de esos íconos históricos que producen mucha curiosidad, se construyó la noche del 12 al 13 de agosto de 1961 con el supuesto fin de proteger a la Alemania soviética de la Alemania de dominio aliado. La ciudad de Berlín había quedado del lado soviético pero al ser tan importante se la dividieron en dos mitades. El lado aliado de Berlín quedaba como una isla en medio de un mar soviético, con lo cual, el fin práctico del muro fue evitar que se les siguieran escurriendo personas. Así fue que los berlineses amanecieron el 13 de agosto con el muro separando la ciudad en dos. El tren y el metro siguieron funcionando, pero pasaban de largo las estaciones del lado occidental que luego quedaron como estaciones fantasmas.

Quizás lo que más atraiga de la historia del muro sean todos aquellos intentos de cruzarlo, los exitosos y los fallidos. Se cree que 270 personas murieron tratando de atravesarlo. El Muro de Berlín cayó junto con el sistema que lo sostenía en 1989 y los restos se pintaron con enormes dibujos recordando la época. Las infames paredes despertaron el genio creativo de talentosos artistas y luego de turistas menos talentosos pero con igual intención de inmortalizar su mensaje en la llamada East Side Gallery.

Como contrapartida, al otro lado de la ciudad existe uno de los lugares más modernos de Berlín: la zona de Potsdamer Platz y el Sony Center con su insólito diseño circular y con un techo que parece una palmera gigantesca que se ilumina de colores.

Así es Berlín: moderna y pujante, a la vanguardia de Europa en muchos aspectos, pero con una gran cicatriz histórica que todavía atraviesa sus calles. Es una ciudad que se esfuerza por redefinirse y dejar atrás su pasado. Para ello, recibe día a día a los turistas con mucho más que viejas historias del nazismo, afortunadamente. Las paredes del Muro y el Memorial del Holocausto hoy solo son puntos turísticos y no más impresionantes que el Museo de Pergamon. El tiempo dirá, ustedes dirán.