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Betiana Baglietto

Betiana Baglietto

Redactora Jefa at Argentinos.es
Periodista, escribidora. Con un pie en cada orilla. Más de 10 años en España, y aún no pierdo el acento. Loca por Bruno y Mateo

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Pommez Internacional es una de las nuevas bandas de la escena musical argentina que sintetiza el rumor de las megalópolis latinoamericanas.

¿Qué sonido caracteriza a Buenos Aires? Si viajamos a principios del siglo pasado, la nostalgia y melancolía del inmigrante, los amores desgarrados y posesivos, el galope de los caballos en el hipódromo, los amigos del bar… Las escenas de esa ciudad en construcción, lejana del centro del mundo, a la que miles de personas de diferentes rincones y culturas habían llegado con el sueño de una vida mejor se reflejaban en las letras y melodías del tango. El rock patrio tomó el testigo unas décadas después para poner sus propios acordes y poesía autóctona a la música que estaba revolucionando el planeta.

El rock, el pop e incluso el tango sobreviven y se reinventan en este despertar del siglo XXI, pero hay otras propuestas que buscan también su lugar en el siempre rico panorama musical porteño. Y alguna no se parece a nada conocido, aunque es una mezcla explosiva de muchas otras, como la de Pommez Internacional, un sexteto que prepara su tercer LP, cuyo primer corte vinieron a presentar el pasado mes de octubre a España, en una mini gira que pasó por Barcelona, Madrid y Bilbao.

Juan Ibarlucía es uno de los creadores de este grupo de amigos veinteañeros que en apenas cinco años de trayectoria ya logró conquistar a la crítica especializada, a buena parte del público amante de la sofisticación musical y a varios festivales de México y Estados Unidos. Durante su fugaz visita a España, Ibarlucía se hizo un hueco para una charla telefónica con Argentinos.es. “Nuestro sonido mixtura la música de raíz latinoamericana, con la electrónica y las tendencias más innovadoras del rock”, explica. ¿El resultado de esa mezcla? “Un sonido que se hizo cargo de una localización: Buenos Aires. Aunque también podría ser San Pablo, el DF o cualquier megalópolis latinoamericana, que no son para nada lo mismo que Madrid o una ciudad del norte argentino”, responde. O, en otras palabras, “el realismo trágico, un ritual para bailar alrededor de unos neumáticos prendidos fuego, un choque frontal de dos autos a 130 kilómetros por hora, entre abrasivo, ruidoso y autóctono”.

Con el estado de ánimo predispuesto a ser movilizado se enfrentan estos jóvenes artistas a los temas que hacen protagonistas de sus canciones, muchos de ellos inspirados en experiencias personales, desde la muerte de una abuela muy querida, pasando por el último proceso electoral argentino -que tocan en su último single Imperio-, hasta un campo de refugiados en Camboya.  “La política, el paso del tiempo y la guerra, tres tópicos muy antiguos de la música pero no por ello menos efectivos”, aclara Ibarlucía. Y confiesa también alguna que otra motivación secreta, pero siempre con la intención de mantener la diversidad y escapar al encasillamiento.

Acostumbrados a las buenas críticas y a los elogios sobre su originalidad y profundidad, nada disfrutan más que un piropo del estilo “conocí a mi novia en un recital de ustedes” o “gastamos el disco en un viaje a Mar del Plata con amigos”. “La música es algo que está vinculado con la vida de cada uno y no hay nada mejor que convertirte en parte de la banda sonora de la biografía de alguien. Eso es a lo más que podemos aspirar. No somos ni queremos ser sucursal de nadie ni versión argentina de lo que ocurre afuera”, dice. El viajar y difundir su trabajo en nuevos mercados como el español sin descuidar lo local tampoco escapa de su abanico de deseos. “Está buenísimo y siempre es enriquecedor viajar, pero no pretendemos convertirnos en un grupo de exportación y abandonar las salas medianas de Buenos Aires en las que acostumbramos a tocar, ni las muchas del interior del país a las que todavía no llegamos”.

Para acabar y para dejar la invitación abierta a los muchos conciertos que seguro darán en Europa en el futuro cercano, Juan detalla cómo son los shows de Pommez: “Son muy intensos, tenemos una relación muy sagrada con la puesta en escena. Estamos convencidos de que lo que se produce en el estudio hay que defenderlo en vivo, es ahí donde se demuestra el oficio y el talante de una banda, en el uno contra uno y nosotros somos de dejar el escenario bien caliente”. Y es que, asegura, no hay tibieza ni concesiones en sus funciones, pura carne viva, producto de la felicidad y gratitud que les da hacer lo que aman, un sentimiento que, aunque no lo parezca, transmiten también en sus canciones. Aunque no todo sea alegría en la queridísima Buenos Aires, un rato de felicidad bien puede venir de la mano una canción demoledora. Paradojas de la vida, de la ciudad y de la música.