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Carlos A. Ochoa Blanco

Carlos A. Ochoa Blanco

Colaborador Revista Argentinos.es
Carlos A. Ochoa Blanco

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Sistemáticamente, ciertos grupos de poder están empeñados en destrozar nuestro idioma. La carencia de cultura, bastante generalizada en ciertos partidos políticos, está transformando nuestro idioma, que pasó de ser forjado y pulido por personas de alto nivel cultural, a ser estropeado por políticos, que muchas veces no han pasado de la escuela primaria.

En la antigüedad y hasta mediados del siglo XX, la mayoría de las personas que llegaban a los gobiernos, sobresalían del resto de la sociedad por su preparación intelectual y profesional. Lógicamente no todos eran lumbreras, siempre hubo alguna oveja negra o mejor dicho, algún burro que llegaba a los gobiernos, esquivando las barreras intelectuales. Pero, por lo general, los gobiernos se caracterizaban por mayoría de personas cultas. Sin embargo, desde mediados del siglo XX han aparecido ciertos personajes cuyo único merito es meterse en un partido político y trepar hasta llegar a convertirse en lideres. Eso les da un prestigio, que acompañado de su verborrea fácil, logra hacernos creer que su ignorancia y vulgaridad es la verdadera cultura.

Hoy, el populismo inculto es tan importante, que ya es difícil de encontrar en un partido político personas que destaquen por su preparación académica y profesional.

Según cuenta la historia, en la antigüedad, las tribus elegían a los más viejos por ser los más sabios. Y de ellos, el mas inteligente llegaba a jefe o lo que ahora seria el o la presidente.

Pero en la actualidad, esa forma de elección se ha vuelto casi imposible, pues los oportunistas han conseguido llegar a las principales ramas del poder. Y el poder y la incultura se han hecho aliados. Por eso los discursos de estas personas, son un constante ataque a nuestro idioma.

Estamos en una tesitura, que cuando un político le mete una patada al diccionario, por ser un inculto, luego nos quiere hacer creer que eso es lo correcto, lo moderno y lo reivindicativo.

Por ejemplo: ahora les ha dado por inventarse palabras que suenen a género femenino, para que sea una alternativa a la utilización de palabras que les suenan a masculinas. Con ello pretenden hacernos creer que se ha ganado terreno en los derechos de la mujer. Pero mientras ellos y ellas hacen esas tonterías, hay zonas de África donde casan niñas con viejos, lapidan mujeres, las venden, etc. Los derechos de la mujer no se consiguen diciendo “jovenas”, en vez de jóvenes.

En realidad, lo que se consigue es hacer el ridículo y rebajar el potencial intelectual de muchas mujeres que desde la cultura y con mucho esfuerzo, lucharon y luchan por la igualdad en todo el mundo. Como, por ejemplo, esas mujeres que en África luchan por escolarizar a las niñas y que, muchas veces, han pagado con sus vidas la osadía de querer que las mujeres estudien.

Es muy fácil hacerse la luchadora por los derechos de la mujer, cambiando vocales, mientras vives en la comodidad de un mundo en donde las mujeres van adquiriendo poder.

Hacer eso con las palabras, es como si un pacifista decide llamar a las guerras, “festival pirotécnico” y se queda tan tranquilo, pensando que hizo una gran labor en favor de la paz.

Nuestro problema es que cada vez están llegando más inútiles a los puestos gubernativos. Son gente inculta y sin formación. Y la culpa de todo esto la tenemos los del pueblo, que seguimos eligiendo a burros y burras que creen que con inventarse palabras ya está todo solucionado.

Deberíamos hacer como hacen las grandes empresas y fijarnos en la trayectoria profesional de los que elegimos. Y si nosotros tenemos la desgracia de carecer de cultura, para dilucidar qué candidato es el mejor preparado, hagamos por lo menos como los burreros en las carreras de caballos y miremos el pedigrí de los candidatos, para saber de donde proceden.

Los derechos de la mujer no se han ganado modificando el idioma. Se consiguen actuando decididamente, contra aquellos países en donde todavía las mujeres son una cosa. Las mujeres de gobiernos civilizados, si quieren, tienen el poder de cambiar esos comportamientos.

No hace mucho, en un país árabe, un personaje del gobierno se negó a darle la mano a una mujer, que representaba a un gobierno extranjero. La negativa fue porque era mujer. Y no pasó nada. Pues ahí es donde deben actuar las mujeres de la política mundial. Ellas, desde sus gobiernos, deben exigir igualdad de trato en esos gobiernos machistas. Así se lucha por los derechos de la mujer. Pero con decir: jovenas, fiscala, portavoza, etc. no se soluciona lo de la igualdad de género. Lo más que lograremos es saber cuáles son las y los políticos más populacheros e incultos de nuestros gobiernos. Un saludo.