Iniciamos una serie de artículos para que sirvan de guía práctica idiomática a los recién llegados.

Creemos que hablamos el mismo idioma y, mientras hacemos las valijas, pensamos en las muchas dificultades con las que nos podremos encontrar al aterrizar en España, no ya de turistas, por unas pocas semanas, sino para instalarnos a vivir.

Entre esas preocupaciones no suele estar la del idioma, porque precisamente éste es una de las variables que nos anima a elegir a España como destino de nuestra nueva vida.

No vamos a decir acá que nada más lejos de la realidad y que se trata de un escollo más para los exiliados, pero sí, queridos recién llegados o futuros emigrantes, queremos advertirles que el castellano de España y el de Argentina tienen muchas diferencias y matices, más allá de la risa que siempre nos causó el “coger” a la distancia.

Para los muchos argentinos que nos escriben a diario porque están pensando en mudarse a la península, queremos empezar una serie de artículos que les ayude a atravesar las primeras conversaciones con un cierto bagaje idiomático y puedan evitar algunas de las situaciones a la vez ridículas y graciosas que todos pasamos en las primeras épocas

Como lo primero con lo que nos vamos a encontrar al aterrizar es con el aeropuerto y el transporte, intentaremos dar algunas pistas para pasar airosos el temido y a la vez ansiado momento de pisar suelo foráneo.

Hay que aclarar que los apuntes son válidos para Madrid, no nos hacemos cargo de las variantes con las que nos podemos encontrar en las diferentes regiones del país.

Al bajar del avión, lo primero que tendremos que hacer es ir en busca de la MALETA. La valija que despachamos en Ezeiza, acá ya tiene otro nombre.

Que nadie se extrañe si en alguna de las colas que tenemos que hacer en nuestro periplo por el aeropuerto algún local nos pregunta “¿QUIÉN DA LA VEZ?”. Es la manera que tienen de preguntar quién es el último de la fila para asegurarse su propio turno y se trata de una frase con la que tendremos que convivir a diario en tiendas, supermercados, bancos y colas varias.

Si vamos a ir al aeropuerto al destino final en transporte público hay que tener en cuenta que el tren puede ser tanto el CERCANÍAS como la RENFE, que el colectivo es el AUTOBÚS o AUTOCAR y el subte es el METRO. En ninguno sacaremos boleto sino BILLETE. Para el Metro de Madrid necesitamos comprar sí o sí una tarjeta tipo Sube que ya nos quedará para siempre. El del tren, prohibido tirarlo enseguida, porque en muchas estaciones lo necesitaremos para poder salir de ellas.

Si somos de los que nos gusta preguntar para asegurarnos de estar tomando el mejor camino, lo primero que hay que saber es que en España no existen las cuadras, que las distancias se calculan por minutos y que la gente no camina sino que ANDA. “Estás a tantos minutos andando”, te dirán, sin especificar a qué tipo de ritmo. “Tiras todo recto para abajo”, puede ser otra de las indicaciones, aunque no sepamos dónde está el arriba y el abajo.  Y con el TIRAR, se refieren al vas. Además, las numeraciones de las calles, no van de 100 en 100, sino de dos en dos, por lo que si vas al 204 de una calle no te bajes en el 100 porque puede que te queden todavía unas cuantas cuadras. Vale que queramos hacer buenas migas desde el minuto cero, pero a veces el Google Maps es la mejor opción.

Si el trayecto lo vamos hacer manejando en automóvil, los puntos a tener en cuenta son las rotondas –SIEMPRE tiene prioridad el que viene por ella- y los pasos de cebra, aquí PASOS DE PEATONES, ya que son sagrados y debemos frenar si hay alguien que está por cruzar, porque se lanzará a hacerlo sin esperar a que te detengas.

APARCAR será a partir de ahora la palabra que uses para estacionar ese COCHE, porque ya no andarás más en auto.

Para acabar esta primera entrega, un último consejo: mejor empezar a familiarizarse con estas dos palabras que, más pronto que tarde, serán de las que más pronuncies a diario: VALE y VENGA.

¡Chau y hasta la próxima! O mejor ¡HASTA LUEGOOO!