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Carlos A. Ochoa Blanco

Carlos A. Ochoa Blanco

Colaborador Revista Argentinos.es
Carlos A. Ochoa Blanco

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Últimamente, en  las tertulias de TV y radio, Donald Trump parece tema obligado. Esas tertulias son similares a las del fútbol, en las que los expertos de sofá, ganan, de palabra, todos los partidos.

No sé como será personalmente el señor Trump. En apariencia es sobrador y prepotente. No obstante, hay que tener en cuenta que en el mundo hubo presidentes de ambos sexos, con simpatía apabullante, que era mejor no haberlos conocido. Para mí, lo importante no es que un presidente me caiga simpático, sino que desempeñe exitosamente la tarea que se le encomendó.

Por tanto, este presidente, como la mayoría de los gobernantes de ese país, son muy distintos a los mandatarios que tuvo, tiene y sufre, desde hace por  lo menos un siglo, toda Latinoamérica.

A su modo, es un patriota que llega al gobierno de su país, forrado de millones y aunque en apariencia no parece un intelectual de exquisitos modales, tiene la virtud de haber triunfado, gracias a que supo rodearse de buenos colaboradores. Esa es una buena cualidad en alguien que desea triunfar como líder. Es lo mismo que en una escudería de coches de carreras. El dueño no necesita ser simpático, lo que necesita es tener cerebro e intuición para seleccionar un equipo cualificado, que sepa solucionar con  eficacia los problemas que se le presenten.

Trump va a cambiar, no sé si para bien, el sistema económico mundial, que actualmente es un fracaso total. La famosa globalización es un fiasco, porque no solo ha globalizado lo bueno, sino que también ha globalizado lo malo. Un ejemplo es el comercio y la industria internacional.

Gracias a la globalización y libre mercado, muchos grandes monopolios trasladaron sus fábricas a paraísos de esclavitud obrera. Allí, gracias a la nula existencia de derechos sociales y nula existencia de sindicatos, los obreros son esclavizados en beneficio de la fabricación barata.

Países como China compiten deslealmente contra los países cuyos derechos sociales encarecen el producto final. En los paraísos de esclavitud consentida, las grandes multinacionales consiguen productos que luego venden a precios muy bajos, con el fin de reventar los mercados y hundir la competencia local que paga impuestos y respeta los derechos de los trabajadores.

Los que critican a los Estados Unidos y a Trump, deberían preguntarse porqué el país en donde viven no es potencia mundial. Por ejemplo: el presidente de México se queja porque Trump quiere hacer un muro, para controlar la entrada de mejicanos a su territorio. El problema no es el muro de Trump, el problema es la economía de México y la de toda Latinoamérica, cuya miseria y atraso obligan a sus ciudadanos a arriesgar sus vidas, para poder vivir en un país que ya está en el siglo XXI. Los EE. UU. no necesitan muro con Canadá, porque los canadienses no necesitan arriesgar sus vidas para escapar de la pobreza y la miseria.

Los tertulianos que critican a Trump piensan en el beneficio de su propio país. ¡Pero a ver si nos enteramos! El presidente de Estados Unidos fue elegido por una mayoría de ciudadanos, para que los gobierne a ellos. Ellos, como nosotros, no votamos pensado en beneficiar a otros países.

Si Trump decide seleccionar la gente que entre a su patria, está en su derecho. Lo mismo que nosotros estamos en nuestro derecho para seleccionar la gente que entra en nuestra casa. No le pidamos a Trump que nos deje entrar en la primera potencia mundial. Pidamos a nuestros gobiernos que transformen nuestra patria, en otra potencia mundial, similar a Norteamérica.

Los norteamericanos, por suerte o por inteligencia, han sabido escoger a sus dirigentes y solo con 45 presidentes, hace años que son potencia mundial y están haciendo temblar a todo el mundo, no solo por su política económica, sino también por su poderío militar.

Una de las muchas cosas que han hecho bien los norteamericanos, es dar cobijo y facilidad para trabajar, a todos los grandes cerebros de la humanidad que quisieron ir allí. Eso ha logrado que los mayores adelantos del siglo XX tengan su nacimiento en EE. UU. Es decir, que en Estados Unidos, el que demuestra que vale, tiene las fronteras abiertas y no necesita ser clandestino.

Creo que en vez de criticar tanto a Trump y a su política, deberíamos mirar dentro de las fronteras de nuestro país, para ver cómo podemos conseguir dirigentes como los que tienen los norteamericanos. Ellos son potencia y nosotros hasta ahora solo hemos sabido copiarlos en su comida basura, música, vestimenta, tatuajes, entrega de premios de cine, mancha paredes, etc.

Quizás nuestro problema es el miedo, porque Trump ha dicho al mundo que sean sus gobiernos los que solucionen sus problemas. Pues bien, en Latinoamérica todos los países tienen una edad de independencia similar a la de EE. UU. y Canadá. A ver si espabilamos, desde México hasta la punta sur de Argentina y empezamos a mandar al paro a los inútiles que no son capaces de convertir a nuestras patrias en una potencia mundial. Un saludo.