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Betiana Baglietto

Betiana Baglietto

Redactora Jefa at Argentinos.es
Periodista, escribidora. Con un pie en cada orilla. Más de 10 años en España, y aún no pierdo el acento. Loca por Bruno y Mateo

El cineasta argentino estrena en el  Festival de San Sebastián su tercer filme, ‘Evita no duerme’, una nueva mirada sobre el periplo del cadáver de uno de los grandes mitos argentinos, que hoy cree más vigente que nunca. 

Eso de que la realidad supera muchas veces la ficción no puede ser más cierto para la nueva vida que comenzó para Eva Duarte de Perón tras su muerte. Su cuerpo sin vida, que su marido encargó embalsamar al mejor especialista del mundo, el español Pedro Ara, estuvo 25 años recorriendo el mundo antes de yacer en el cementerio de la Recoleta. Fue robado, secuestrado,  escondido, enamoró y enloqueció a quienes debían ocuparse de él.

El periplo de su cuerpo sin vida cautivó a ensayistas, historiadores, periodistas y escritores. Pero nadie la inmortalizó mejor que Tomás Eloy Martínez en Santa Evita, una novela perfecta. Hoy es el cine el que se ocupa de esta largo y disparatado viaje de 25 años con el largometraje Eva no duerme, del director argentino Pablo Agüero. La película competirá en la sección oficial de la 63ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián que se celebrará en dicha ciudad este mes de septiembre.

“Eva Perón ha muerto. Es la figura más amada y más odiada de la Argentina. Un gran especialista se encarga de embalsamarla. Tras meses de trabajo logra un resultado perfecto. Pero se suceden una serie de golpes de Estado en Argentina y algunos dictadores quieren borrar el legado de Evita en la memoria popular. Su cuerpo se convierte entonces en el centro de una confrontación que durará 25 años. Son 25 años, durante los cuales Evita ha sido una figura más poderosa que cualquier político vivo”, resume la sinopsis del filme rodado en plano secuencia, con mezcla de archivo histórico y ficción de actores. Antes de viajar a España, su director charló con Argentinos.es vía correo electrónico para adelantarnos más detalles de una obra que es su propia mirada sobre un fenómeno que no deja de fascinar, más allá de la política, más de medio siglo después.

-¿Qué te ha llevado a narrar la odisea del cadáver de Evita? ¿Por qué la necesidad de contar esta historia?

Es una de las historias reales más increíbles que había oído en mi vida. Esa certeza y el desafío inédito de desarrollar una película en la que la protagonista está muerta, sin apelar al recurso fácil del cine fantástico, fueron los primeros motores que me impulsaron. Luego, al tomar conciencia de la importancia -y de la vigencia- política de esta historia, fui comprendiendo al mismo tiempo que sería un salto al vacío, una apuesta muy arriesgada y una película necesaria.

-¿Cómo ha sido el proceso de investigación y documentación?

 Fui alternando investigación y reescritura. Porque al investigar cambiaba mi percepción de la realidad y llegaba a la conclusión de que el tono que estaba usando en la ficción tal vez no era el más pertinente. Luego, al reescribir, comprendía que me faltaba conocimiento de la historia y volvía a la investigación. Por eso el proceso fue tan arduo y tan largo. No para llegar a una reconstitución literal de una supuesta “verdad histórica”, sino para llegar a una comprensión profunda de lo que estoy contando, de cuál debe ser mi postura y de cuáles son los medios narrativos y estéticos que corresponden mejor a esta historia.

-Tras seis años de trabajo y un presupuesto que no era el que esperabas, ¿es la película que imaginabas o soñabas al empezar? ¿Cómo la describirías?

Esas dificultades, paradójicamente, me obligaron a ir a lo esencial y a asumir mis deseos de cine más profundos. Al principio yo quería hacer una película mas “clásica” y “popular”. Pero teniendo tan pocos medios y tan poco tiempo, decidí consagrarlos completamente a un solo objetivo, el único que estaba casi seguro de poder lograr con éxito: una película radical, onírica, un viaje a un universo nuevo.

-Se estrena nada menos que en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, ¿con qué expectativas vienes?

Mi película anterior estuvo también en San Sebastián, pero esta es la primera vez que voy en la competencia oficial. Tengo un recuerdo impresionante de las proyecciones que vi en la sala de la competencia. Hay realmente un ambiente de festival clase A, intenso, en el que las emociones, sean positivas, negativas o polémicas, se acentúan como en una gran caja de resonancia. Y estoy muy contento con estrenar Eva en estas circunstancias, porque es una película para la pantalla grande, gigante, una película que nos invita a un viaje sensorial adonde no sólo la imagen, sino el sonido de una sala de cine juegan un rol central.  

-La historia del cadáver de Evita ya fue novelada por Tomás Eloy Martínez aunque, según leímos en otra entrevista, la que llevas tú a la gran pantalla está mucho más pegada al realismo histórico que al realismo mágico. ¿Es así?

Lo que quise evitar es el exceso de surrealismo. La historia real es ya muy loca, casi demasiado, ¡tanto que acabé suprimiendo partes que ningún espectador podría llegar a creer! Entonces, sí, desde el punto de vista narrativo, Eva no duerme está mucho más cerca de la realidad histórica que la versión de Eloy. Me tomé “licencias”, pero que no contradicen la historia real, sino que la sintetizan, la completan y cuestionan a veces la versión oficial. Desde lo estético, en cambio, me permití generar cierta magia que nos despegue del realismo. 

-¿Qué hay de la dimensión política del filme?

Es una película muy política, pero no en un sentido partidario (peronista o anti-peronista) sino en un sentido más profundo. Yo no juzgo el programa político de Eva Perón en vida. Lo que me interesa es el símbolo revolucionario en el que Evita se convirtió después de su muerte. 

-Cuéntanos algo de los actores, ¿por qué elegiste un elenco tan internacional?

Sencillamente me permití abordar a quienes considero los mejores actores y los más aptos para los personajes que imaginaba. Y lo hice sin límites ni de nacionalidad, ni de celebridad (hay famosos y desconocidos), ni de perfil tampoco, porque en algunos casos elegí la mimesis (Imanol Arias tiene un aura muy cercana a la del verdadero embalsamador) y en otros casos preferí generar contradicciones, para despegar de los clichés y para provocar la reflexión del espectador desestabilizándolo (es el caso de Gael García Bernal en la piel de un dictador sanguinario).

-¿Y la factura técnica? Porque decidiste rodarla en plano secuencia…

Mi peor pesadilla sería hacer una película tibia y mediocre. Teniendo en cuenta que estaba obligado a filmar en un tiempo tan reducido, decidí jugarme a todo o nada. Si las cosas salían mal, ni siquiera llegaría a terminar los planos, desastre total. Pero si la alquimia se producía, habría algo de milagro.

-¿Cómo pudo un cuerpo sin vida generar tanto amor, tanta fascinación, tanto odio, miedo y hasta locura?

Nuestra civilización cristiana se arrodilla ante un cadáver masculino desde hace casi dos mil años. Un cuerpo de mujer, en sí mismo, puede ser subversivo. Una mujer liberada, bella, rabiosa, obscena… En el caso particular de Evita es también una plebeya llegada al poder, una pasionaria polémica, una hija bastarda… ella encarna todo lo que la sociedad conservadora teme, rechaza y al mismo tiempo desea secretamente. Al morir joven (a la misma edad que Cristo), al ser embalsamada con una técnica única en el mundo, se convierte en un mito inmortal y también en la realidad material de una “bella durmiente”, un cuerpo incorruptible. Pero eso no explica todo. Por eso, porque no hay una explicación racional, completa y satisfactoria, por eso hay misterio, y por eso tiene sentido filmar y ver esta película.

-¿Después de tantos años de trabajo e investigación, ¿lograste encontrar una respuesta a tanto delirio? ¿Es casual que haya sucedido en Argentina o no podría haber ocurrido en otro país?

Cosas así de locas suceden en otros países. A veces me tienta continuar con este nuevo género, que podríamos llamar “necro-pic”, filmar el periplo del cuerpo de Arafat, de Stalin, de ciertos reyes europeos… Pero la particularidad de la Argentina es esa especie de tradición de la insolencia. En Argentina, los mitos nacen desde la desmitificación. Somos pura provocación.  

-¿Qué queda hoy del mito de Evita?

En la sinopsis de la película pusimos que aún muerta y desaparecida, Evita era más poderosa que cualquier político en vida. Creo que sigue siendo cierto. Tal vez más que nunca.

-“Ha llegado la hora de la mujer. Toda mi obra gira en torno a esa convicción, que se ha convertido en un compromiso artístico y político a la vez”. Es una frase tuya. ¿Por qué?

Tras miles de años de sumisión, la emancipación de la mujer comenzó recién a mediados del siglo XX, y recién ahora comienza a afianzarse, a aportar frutos. Estoy convencido de que entramos en una era femenina y que los hombres tenemos un rol en esa transformación, un rol tan importante como el de las mujeres, siempre y cuando sepamos asumir y propulsar el cambio de valores.