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Sergio A. González Bueno

Sergio A. González Bueno

Persigo la oda del gol; un soneto de campeón; un poético caño, una trova de 'rabonas'; una estrofa de Diez; una copla de aliento... ¡Fútbol y letras!
Sergio A. González Bueno

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El 1 de abril de 1908, un grupo de soñadores oficializó la fumata azulgrana. El cónclave anunció eufórico el ansiado «Habemus Club Atlético San Lorenzo de Almagro».

Innumerables y fogosas reuniones precedieron el acto fundacional. A priori, los pioneros eligieron un nombre afín al barrio y los sentimientos: «Los forzosos de Almagro». Posteriormente, la asamblea extraordinaria decidió homenajear al padre Lorenzo Massa, patrono y guía espiritual de los románticos feligreses cuervos. Así, concluido el encendido debate, se votó por unanimidad el insigne nombre: ¡San Lorenzo de Almagro! Fútbol y fe; pasión y evangelio; veneración e iglesia. ¿Acaso el Papa Francisco podía ser hincha de otro club? ¡No! Imposible gambetear el legado afectivo del padre Lorenzo, predicador de «santas» emociones en la capilla del emblemático Gasómetro.

Orgullo de los argentinos, el Papa Francisco conmueve al mundo. Sin poses, predica con el ejemplo y la vocación religiosa. Devoto de la orden franciscana, catequiza fieles en el altruista once de la austeridad. Consciente de su evangélica misión, se toma divinas licencias domingueras… ¿Pecado de hincha? No, incondicional amor al Ciclón. El Vicario de Cristo profesa máxima fidelidad por San Lorenzo. Así, la marca azulgrana se universalizó. Impulsado por el hincha más famoso, los Gauchos de Boedo trascendieron fronteras; el eco de sus plegarias -a modo de originales canciones- se exporta a los principales templos hispanos de la pelota. ¿Quién obró el milagro de la evangelización? ¡Un cuervo en la Santa Sede! Convulsiones internas alteraron la armonía de San Lorenzo; una lejana pérdida de categoría; un cercano concurso de acreedores; un temido -y repetido- fantasma llamado descenso.

En el medio, desafiando las demoníacas predicciones, la irrenunciable fe de los hinchas. El ‘espíritu Massa’ no contempla renuncios ni vacilaciones. Al contrario, anima a los peregrinos del Bidegain a redoblar el aliento. A perseverar en el apostolado. Genuino heredero del párroco Lorenzo, Francisco pacifica y emociona. Pícaro, ofrenda un sentido rezo por los colores que alegraron su infancia. Al recibir a Matías Lammens (presidente del CASLA), le consulta: ¿volvemos a Boedo?… Marcelo Tinelli puede ir preparando la remera con el eslogan «Me verás volver». ¿El destinatario del regalo? El Papa Francisco, un «Santo» en el Vaticano.