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Carlos A. Ochoa Blanco

Carlos A. Ochoa Blanco

Colaborador Revista Argentinos.es
Carlos A. Ochoa Blanco

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No hace mucho, en una radio argentina, escuché la idea de esquilmar a los ahorradores, castigando a sus herederos con la obligación de regalar, al Estado, una porción de lo heredado.

Soy de principios de la década del 50 y recuerdo que en aquellas épocas, los adolescentes de mi barrio, igual que los de mi familia, comentaban sus planes de futuro. Quizás los que no conocieron aquellos tiempos se pregunten qué tipo de ambiciones tenia la juventud de esa época. Pues bien, desde pequeño recuerdo sus conversaciones, y en ellas, además de su deseo de llegar pronto a los 18 años, comentaban la idea de tener un trabajo, independizarse, comprarse una moto o un coche, encontrar novia y formar una familia. Aquellos eran los sueños de la mayoría de los jóvenes de mi barrio. Alguno incluso soñaba con poner su propio negocio, taller o empresa. Este era el deseo masculino. El femenino lo desconozco, pues las chicas jóvenes del barrio no comentaban sus ideas cuando los varones, pequeños o grandes, estábamos cerca.

El comienzo en la vida laboral, de la mayoría de aquellos jóvenes, empezaba entrando en una fábrica, taller, negocio, etc. desde los puestos inferiores. Muchos se iniciaban como aprendices y luego terminaban en los puestos más importantes de la empresa o incluso independizándose y creando su propio negocio. ¿Qué ventaja tenia ese sistema?  Pues que el trabajador aprendía y además se esmeraba en su labor para intentar destacar de los demás, porque su recompensa era el progreso y un mayor beneficio económico. Lo mismo sucedía con los emprendedores, cuando creaban su propia empresa. En ella invertían tiempo y dinero, con la esperanza de progresar y ampliar su negocio, que es lo que ellos habían observado en las generaciones anteriores.

Todo eso era un incentivo para las mujeres y hombres de aquel tiempo. Gracias a aquel sistema, muchas personas empezaban en el nivel más humilde de la sociedad y llegaban a la clase media, que fue muy importante en Argentina, e incluso algunos, con más suerte,  a las clases más altas.

Lógicamente no todo el mundo tenía esa misma suerte. Tampoco todo el mundo tiene la suerte de llegar a los cien años, pero sabiendo que existe esa posibilidad, muchos siguen luchando por sobrevivir. Es decir, que antes existía el incentivo del progreso, por eso la gran mayoría de extranjeros que llegaron a nuestro país, luchó y trabajó, buscando la superación.

Hoy en día todo eso ha desaparecido. Solo se vive muy bien si estás vinculado a ciertos grupos político-financieros o si eres un genio, al servicio de opacas corporaciones financieras. Hoy ni siquiera merece la pena luchar por ser de la clase media. Eso solo te convertirá en un tonto trabajador paganini de impuestos, ya que las grandes fortunas tienen miles de trucos legales para no pagar, mientras los más pobres, sobreviven igual que los de la clase media, pero pagando algo menos de impuestos, por su escasez de bienes. No obstante, si  tienes la suerte de vivir en ciertos países europeos y eres muy pobre, quizás puedas vivir subsidiado por el Estado.

Hacer realidad, hoy, los sueños de los jóvenes de los años 50 o 60, de pasado siglo, no es rentable. Yo diría que es de tontos. La razón es muy sencilla. Lo primero es que ya es imposible encontrar una empresa donde logres trabajar desde tu juventud, hasta la jubilación. Eso ya no existe. Si tienes suerte de trabajar un año seguido, en algún sitio, ya eres un raro afortunado. Lo segundo es que si después de trabajar toda tu vida, como un burro, y de pagar cientos de impuestos, todavía te queda dinero para comprarte un par de propiedades modestas, entonces ya has arruinado el futuro de tus hijos. Hoy no se premia a los trabajadores y ahorradores. Pues además de freírlos a impuestos, luego, sus herederos, serán esquilmados como castigo por tener unos padres que se sacrificaron para dejarles algo. Cuanto más hayan ahorrado los padres, mayor será el castigo para los hijos, a no ser que esos padres hayan pertenecido a la elite de multimillonarios del país. En este caso, todos sabemos lo de “hecha la ley, hecha la trampa”. Una trampa que sirve para escapar, si tienes una buena cuadrilla de administradores y abogados. Pero los hijos de los verdaderos trabajadores seguro que tendrán que vender lo heredado, para afrontar un impuesto injusto, cuyo fin es que el Estado pueda quitarles una parte de la herencia.

Si se pone ese impuesto en Argentina, y lo digo por experiencia, mi consejo es: trabaja solo para vivir a tope. No ahorres, ni compres propiedades. Pues pasarás la vida pagando impuestos y lo que dejes será un castigo para tus herederos, que además sufrirán la injusticia de ver cómo un Estado despiadado se apropiará de esos ahorros, que los padres laburantes quisieron dejar a sus hijos. Si quieres a tus herederos, gástate el dinero con ellos, en viajes o en fiestas. Te lo agradecerán, tendrán un bonito recuerdo y no sufrirán por haber tenido unos padres ahorradores y trabajadores que les complicaron la vida con la herencia. Un saludo.