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Betiana Baglietto

Betiana Baglietto

Redactora Jefa at Argentinos.es
Periodista, escribidora. Con un pie en cada orilla. Más de 10 años en España, y aún no pierdo el acento. Loca por Bruno y Mateo

El dramaturgo argentino trae a España su montaje ‘Wake up, woman’, un relato conmovedor sobre la violencia machista.

Después de estrenarse en Argentina y pasar por México y Estados Unidos, llega a España Wake up, woman, el montaje del director y dramaturgo argentino, Jorge Acebo. Cecilia Sarli (Natalia) y Chema Coloma (Federico) protagonizan esta historia en la que se conocen, se enamoran, se casan… Conviven y comienzan a vivenciar algunas dificultades.

Wake up, woman es un montaje que se atreve a meterse en el pozo profundo y oscuro de la violencia de género y que se plantea y plantea también al espectador muchos interrogantes. ¿Puede recomponerse una historia de amor que atraviesa por problemas serios? ¿Cómo hacer para intentar dejar atrás o superar tantas contrariedades que quedan grabadas en el alma, en los recuerdos, en el propio cuerpo?

Antes de su debut en España, intentamos responder a todas estas preguntas con este director argentino, bisnieto de gallegos, en una entrevista telefónica.

P. -¿Cómo y por qué nace esta obra?

R. Es un espectáculo que habla sobre la violencia de género, yo tenía ganas de trabajar sobre la temática y arranqué en 2013. Pero todo lo que conocía tenía que ver con mujeres casadas, con hijos, con alguna dependencia. Empecé a investigar y no se me ocurría nada, no sabía cómo enfocarlo, no me servía la mirada de este tipo es un ‘hdp’. Hasta que tuve acceso a un grupo de ayuda a maltratadores y ahí me di cuenta que tenía que basarse en una historia de amor, de un amor tan enfermo que no se puede controlar, de dos seres que se aman de la misma manera que se lastiman.

 

P. -¿Se puede llamar a eso amor?

R. Bueno, eso no me atrevo a responderlo, intento que la obra sea un lugar de preguntas y que cada uno las responda o las complete como quiera. El montaje está construido con un montón de relatos de mujeres que están y que ya no están, con respeto y acercamiento, con amor. Luego que cada uno interprete, con la posibilidad de no juzgarlos sino de comprenderlos.

 

P. -¿Cómo se queda el cuerpo después de una obra así?

R. Es una historia que duele. Para quienes la hacemos, son semanas de no parar de llorar. Es un descubrimiento para todos cada vez que la interpretamos. Para el público, es un discurso que quiero sostener en el tiempo y que cada día defiendo más. Debería estar en el mundo entero y debería haber más gente que la vea, se sensibilice. En Argentina nos pasaba, venían primero a verla matrimonios y después volvían con sus hijos adolescentes. La educación empieza así, sensibilizando a las personas frente al dolor ajeno. Es un grito, una experiencia de vida. La gente sale echa pedazos pero vuelve, porque genera cosas.

 

P. -¿Cómo ves la situación en Argentina en esta materia?

R. Cuando empezamos con Wake up woman no había nada en Argentina sobre violencia de género y teníamos ganas de mostrar ese dolor. Un par de años después, el tema empezó a tener visibilidad, pero la visibilidad no hace que se avance en el problema, para eso hace falta sensibilidad, educación en respeto al derecho del otro e igualdad.

 

P. -¿Ha habido avances desde entonces hasta ahora a nivel social?

R. Noto avances, porque está bien visto poder hablar del tema entre la juventud. Es la educación la que nos tiene que salvar.

 

P. -¿Cómo despertar de una situación así?

R. Con todos los grupos de mujeres que hemos trabajado, el primer síntoma de maltrato, el primer golpe es el momento de irse, no esperar al siguiente. La salud mental se recupera cuando te salvas después del primer golpe. Es tan necesario como triste.

Porque, además, los números de hombres recuperados aún con tratamiento es casi nulo.

 

P. -Has dicho en otra entrevista que además de lo artístico, hay una responsabilidad social en la obra, ¿cómo se trabaja esa responsabilidad?

R. Es terrible cómo se desdibujan los límites. Uno aparece como referentes de cosas. La función dura una hora y luego estamos dos horas en la puerta, con gente llorando. Nunca pensé que la realidad fuera tan cruel para que hubiera tantos casos. Te puede pasar a vos, a todos, a cualquiera. Muchas de las conductas que vemos en la obra las reconocemos como propias y eso te moviliza. Tenemos que conectar con la gente, estar preparados para comprender, porque somos actores. Pero el compromiso social está.

 

P. -Mencionas también que el montaje se tiene que adaptar al país que llega. ¿Cómo ha sido esa adaptación a España?

R. Más allá de los matices de lo idiomático y de la idiosincrasia de cada lugar, por suerte el teatro es un lenguaje universal. Así que la variación de la puesta en escena es ínfima. En cuanto a la dirección de actores, trabajamos para que cada uno encuentre a su Natalia y a su Federico.