El documental dirigido por Jorge Denti recupera los viajes del Che por América en los años 1952 y 53.

Parece que todo estuviera dicho y escrito sobre Ernesto Guevara, pero de pronto llega alguien que pone la mirada en la persona previa al personaje barbudo y con boina de millones de camisetas y una nueva luz cae sobre uno de los más grandes iconos de la historia de América Latina, un nuevo retrato se pinta sobre un pequeño pero fundamental trozo de su biografía.

Ese alguien es el realizador Jorge Denti, que este viernes estrena en España su documental La huella del doctor Ernesto Guevara. Un filme basado en los viajes que el argentino más universal, con perdón de Maradona, Messi y el Papa Francisco, realizó por América en 1952-1953, con sus amigos de la infancia Alberto Granado y Carlos Calica Ferrer. Una travesía que lo transformaría para siempre: “Yo, no soy yo; por lo menos no soy el mismo yo interior. Ese vagar sin rumbo por nuestra ‘Mayúscula América’ me ha cambiado más de lo que creí”.

Con los diarios y la correspondencia que el joven médico rosarino mantuvo con su madre, su tía Beatriz y su compañera de estudios Bertha Tita Infante como principales documentos testimoniales, la película recupera también las palabras de las personas que lo conocieron y acompañaron a lo largo de su recorrido, como su hermano Juan Martín. A través de la reconstrucción del itinerario, el largometraje descubre el aprendizaje y la transformación de uno de los hombres más importantes de la historia contemporánea.

El rostro de Guevara en las fotos tomadas durante el viaje en los lugares que recorría, afeitado y con el pelo corto, nada tienen que ver con el otro de la boina, la melena y la barba, repetido hasta el infinito. “No hay una sola de estas fotos en la que no se destaquen enseguida la mirada pícara y la sonrisa magnética. Por más personas que llenen el cuadro, la mirada se va sola hacia la cara de Guevara. Es un carismático brutal, es Marlon Brando, Marcello Mastroianni, Robert Downey Jr, un seductor inevitable. Quizás asustada de este poder, sagrado o diabólico, la militancia iconoclasta haya elegido esa figura en sombra, vacía, sin vida ni gracia que sobrepuebla camisetas y posters”, dicen los responsables de la obra.

¿Quién es ese tipo?
Otro trotamundos como el protagonista del filme es quien está detrás de la cámara. Tras pasar por diversos cursos de cine en Buenos Aires, Jorge Denti voló primero a Francia y después a Italia, donde aprendió todos los oficios que tuvieran que ver con el cine. Integró una de las últimas productoras que tuvo el realizador Roberto Rossellini y después de esa experiencia se dedicó al cine documental, género del que rodó diversos trabajos en Asia y África.

En Palestina hizo con Jorge Giannoni el cortometraje Palestina: otro Vietnam. Conoció al realizador argentino Raymundo Gleyzer en Italia y a su regreso a la Argentina integró Cine de la Base hasta el secuestro del mencionado director.
 Luego partió hacia Perú, donde grabó el corto Las AAA son las tres armas, uno de los pocos y más contundentes ejemplos del cine argentino en el exilio.

Después se mudó a México, donde vive hoy en día. 
Entre sus títulos se encuentran el largometraje Malvinas, historia de traiciones, dedicado a Gleyzer, Juan Gelman y otras cuestiones, Petróleo. 100 años de historia, y el más reciente Argenmex, sobre los hijos de exiliados argentinos en México.

«Recuerdo el día en que leí en el periódico que Ernesto había tomado La Habana y me pregunté quién era ese tipo, un argentino tomando La Habana», contó Denti a Efe. «Más de 40 años después -y de un documental-, sigo preguntándomelo», añadió.