El fútbol argentino iniciará un nuevo período dentro de su largo recorrido. La Superliga promete cambios sustanciales para el futuro. Fuera de la AFA pero con los mismos protagonistas en la dirigencia, habrá que ver si la presencia de nuevos actores en el aspecto mediático y comercial consiguen enderezar el rumbo de este fútbol caótico

Por Nico de Pascua para Argentinos.es.

Hoy se pondrá en marcha la renovada versión del fútbol argentino, que marcará un nuevo y violento volantazo en su agitado pasado reciente. La Superliga Argentina de Fútbol no solo será la denominación del campeonato nacional a partir de ahora, sino que también toma forma de entidad externa a la Asociación del Fútbol Argentino para conducir el porvenir de la máxima categoría del deporte más popular de nuestro país.

La Superliga nace con la necesidad imperiosa de los clubes de escapar a la relación casi perversa que los unía con la AFA. O más bien como un buen artilugio para vestir de gala a los mismos protagonistas que hasta hace poco paseaban en ojotas y pantalón corto a un futbol argentino harapiento y sucio. Hay que reactivar la máquina de dinero y para ello es mejor disfrazarse para la ocasión.

No obstante hay buenas ideas en la conformación de este proyecto que contará con la colaboración –o aporte millonario- televisiva de Fox y Turner. Comandada por Marcelo Elizondo, un abogado especialista en comercio exterior que goza de extrema confianza de parte de Mauricio Macri, la Superliga se activa haciendo hincapié en algunos puntos fundamentales. En primer lugar el intento de posicionarse entre los torneos más importantes del mundo para atraer millones en ventas de derechos en el exterior. Ese es el fin principal de todo este revuelo mediático. Pero detrás de ello se esconden algunas cuestiones internas que la nueva gestión pretende –y debería- ordenar: el control de la situación financiera de los clubes, que serían sancionados ante la falta de pago de obligaciones a jugadores y a la AFA, y la previsibilidad organizativa del certamen son dos de los ases que ha presentado en sociedad la SAF.

Aun es complicado esperanzarse demasiado con el cumplimiento de estas iniciativas. Se ha prometido mucho y se ha cumplido a conveniencia en situaciones de conflicto. Se esperan reglas claras y equitativas, acompañadas de la ceguera que la justicia necesita a la hora de aplicar castigos. Al principio será sencillo tomar medidas ejemplificadoras y publicitarias. Más cuando se trate de un club de menor renombre. De esos que generalmente tienen mayores problemas que Boca o River para abonar sus compromisos. Pero será el tiempo el que juzgue con mayor jurisprudencia en su mano la seriedad de la SAF en el marco reglamentario.

Sin embargo aún quedan aspectos importantes para resolver en este fútbol que dejará de ser gratuito para el telespectador a partir de octubre. Nada se habló de como ordenar todo el desarreglo previo que origina una liga con demasiados equipos. No queda claro del todo como será el proceso que llevará la competición a los 20 equipos exigidos por FIFA como máximo. Mucho menos se trató el tema de la violencia en el fútbol. Un apartado que aun deja el espectáculo marcado por la ausencia del público visitante. Es una lástima que un formato que intenta emular a la Premier League inglesa o a La Liga española, no consulte como se puede arribar a buen puerto en este aspecto. Quizá no conviene porque se desconoce a ciencia cierta donde está el límite entre el ámbito futbolístico y el político a la hora de sancionar a los violentos.

Finalmente queda el aspecto más visible del ‘nuevo’ futbol argentino: el deportivo. El embrión mismo de la Superliga apunta a un liga pensada para los más ricos. Los dirigentes más influyentes se frotaron las manos al escuchar los consejos de Javier Tebas, mandamás de La Liga española en el nacimiento del proyecto. Como Barcelona y Real Madrid actúan de cara visible y acumulan beneficios exponencialmente mayores que el resto de los clubes en el fútbol español, Boca Juniors y River Plate gozarán de ventajas alarmantes en el fútbol argentino. Solo con verificar la lista de refuerzos y las plantillas de ambos en comparativa con el resto, alcanza para advertir las significativas diferencias en las posibilidades de unos y otros. Pocos clubes tendrán cierta capacidad para discutir un torneo de largo desarrollo con los dos pesos pesado de nuestro futbol.

El problema se suscitará cuando los beneficios alarguen las diferencias y Boca y River se repartan el 100 por ciento de las posibilidades de campeonar. ¿Aceptará cómodamente el resto la imposibilidad de extender su palmarés? ¿Qué respuesta entregarán los dirigentes a las urgencias de los hinchas ante esta realidad? ¿Será sostenible en Argentina una disparidad que en España es aceptada tradicionalmente? Preguntas que responderá el tiempo. Por ahora parece difícil imaginar a un simpatizante de San Lorenzo, Estudiantes, Rosario Central o cualquier otro club con aspiraciones, conformándose con la clasificación a alguna copa como máximo objetivo posible.

La Superliga es el futuro inmediato del fútbol argentino. Fue anunciada a toda orquesta y contiene en su partida de nacimiento las bases para un nuevo futbol argentino. Un fútbol utilizado como producto. Un fútbol sin deudas. Un fútbol con fechas ciertas. Un fútbol lleno de promesas. Esperemos que de una vez por todas, las palabras no escapen por la puerta trasera con un viento de conveniencia. Nuestro futbol necesita ponerse los pantalones largos. Ojalá estos señores hayan madurado y sepan vestirse para la ocasión. En los hechos. No solo para la fiesta.