En septiembre llega ‘La cordillera’, con Ricardo Darín y Érica Rivas, y en octubre ‘El último traje’, con Miguel Ángel Solá y Ángela Molina.

Dos estrenos con grandes nombres traen en septiembre y octubre la cartelera de cine hispanoargentina. Dos nuevas coproducciones en las que trabajan actores de una y otra orilla.

La primera de las películas que se podrá ver en los cines españoles a partir del 29 de septiembre es La cordillera, del director Santiago Mitre y con Ricardo Darín, Érica Rivas, Dolores Fonzi, Gerardo Romano o Elena Anaya entre sus protagonistas.

Darín se pone esta vez en la piel del presidente argentino Hernán Blanco que, mientras participa en una cumbre latinoamericana de mandatarios en Chile, tiene que tomar decisiones que pueden cambiar su vida personal y pública, repleta de secretos. “Es una película de ficción que trata con ideas de ficción pero tiene la particularidad de estar protagonizada por un presidente ficcional que habita nuestra época, por ende, hay determinados ecos y cuestiones que se pueden parecer a cosas de la realidad, pero nunca voy a decir de quién tomé algo”, adelantó el director a los medios, antes de su estreno en Argentina.

Para el primer viernes de octubre, en tanto, se espera el estreno de El último traje”, dirigida por Pablo Solarz y protagonizada por Miguel Ángel Solá, Ángela Molina, Martín Piroyansky y Natalia Verbeke.

Pablo Solarz, guionista de algunos de los éxitos del cine argentino más reciente como Un novio para mi mujer o Me casé con un boludo, es el autor también del guión de esta historia basada en la vida de su propio abuelo, un judío polaco que se vio obligado a exiliarse en Argentina durante el nazismo.

La película, rodada entre Buenos Aires, Madrid, Las Palmas de Gran Canaria, Varsovia y Lodz en Polonia, narra el viaje de Abraham (Miguel Ángel Solá), un sastre judío de 88 años, que decide embarcarse en la aventura de encontrar a un viejo amigo que le salvó hace más de siete décadas de una muerte segura en el final de la ocupación nazi. Contra todo pronóstico, y después de tanto tiempo sin tener ningún contacto con él, Don Abraham intentará encontrar a su viejo amigo y cumplir su promesa de volver un día y contarle la vida que vivió gracias a él.

“Crecí sintiendo que mi vida estaba de alguna manera marcada por lo que había pasado en Polonia. Intenté preguntar más pero sólo obtenía respuestas generales. De los detalles, de los nombres, de las caras, de los familiares que se habían quedado y habían muerto allí, de los que no se habían ido y fueron gasificados, en fin, de la historia, nunca se habló. Ni tampoco de los que habían logrado sobrevivir al holocausto. Escribí, en los últimos diez años, seis o siete versiones diferentes de la historia. Hoy quiero filmarla para ‘llenar’ de voces, de música, de imágenes, el silencio cargado de dolor, de odio, de espanto con el que me tocó crecer, y para hacerme algunas preguntas sobre lo que pasó, entender tanta frialdad, tanta dificultad para lidiar con las emociones”, resume el director.