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Carlos A. Ochoa Blanco

Carlos A. Ochoa Blanco

Colaborador Revista Argentinos.es
Carlos A. Ochoa Blanco

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No soy un aficionado al fútbol y en realidad el único equipo que me atrae, por lo que representa, es nuestra selección. Quizás esa falta de interés por un deporte tan popular, hace que me fije más en todo lo que lo rodea. Por eso desde ese punto de vista, lo de la Copa Libertadores de América celebrada en suelo español, pienso que debería formar parte del Libro Guinness de los récords. Pues hasta ahora no creo que se haya dado en el mundo, una situación similar.

La Copa Libertadores de América es un homenaje a nuestro San Martín y resto de libertadores del continente americano. Un continente que casi en su mayoría perteneció al reino de España. Por tanto, lo extraordinario de este evento es que se celebró en la capital de un reino, que hace poco más de dos siglos comenzó a perder sus dominios coloniales en aquel continente, precisamente por la acción de esos libertadores, que hoy dan nombre a la copa que los recuerda.

Pero, además, el encuentro permitió que seres provenientes de la misma cuna cultural, conviviesen  por unas horas, en total armonía, como gente civilizada de dos pueblos que tienen tanto en común. Aunque, por desgracia, sus políticos, tanto antes como ahora, no han descubierto la forma de unirnos para adquirir la fortaleza que poseen ciertas culturas, como la inglesa. Pero bueno, ese quizás sea un problema insalvable que tenemos los de sangre latina.

La cuestión es que en este evento deportivo, la mayoría de la gente y de la prensa solo se centró en observar si los argentinos y argentinas, que diría un político populachero, se comportaban con salvajismo en la capital del reino, que algunos denominamos madre patria.

En realidad, ni españoles y ni argentinos se dieron cuenta que somos iguales en nuestro comportamiento. Somos pueblos pacíficos y cultos que, por desgracia, tenemos una pequeña plaga de energúmenos incultos y pendencieros que nos hacen parecer violentos. Argentina es un gran país, con un pueblo maravilloso y una clase política poco o nada eficiente, que durante estos últimos años se ha preocupado más por proteger a los delincuentes que a las víctimas.

El problema de nuestro país es que ciertos grupos políticos protegen a los violentos, porque de ellos extraen los elementos subversivos que durante gran parte del último siglo y de este, sirvieron y sirven para sembrar el desorden desestabilizador en las calles de Argentina. Se sabe muy bien qué políticos son los culpables de que en el extranjero piensen que argentinos y argentinas somos seres incivilizados, que cuando visitamos un lugar es necesario usar fuerzas antidisturbios, para que las hordas argentinas no arrasen las calles de un país del primer mundo.

En Madrid, ha quedado claro que, cuando Argentina tenga partidos políticos que dejen de proteger a las manzanas podridas que tenemos, el mundo se dará cuenta que somos un pueblo civilizado. Pero mientras en nuestra clase política haya diputados, que en una manifestación se preocupen más por la salud de los que tiran piedras, botellas, rompen vidrieras, roban negocios y estropean el mobiliario público, en vez de preocuparse por la salud de los policías que tienen que contenerlos y frenarlos, para que no destruyan la ciudad, el resto del mundo creerá que cuando un argentino o argentina pisa su suelo, está recibiendo a un salvaje violento e inadaptado.

Francamente, para mí lo importante no fue el partido de fútbol. En realidad el triunfo de River es lo de menos, lo importante es que dimos una lección de buen comportamiento. Y que los noticieros de España, que auguraban una terrible invasión de salvajes, comprobaron que en realidad los salvajes se quedaron en Argentina, porque son muy conocidos y están bien identificados. Los españoles pudieron comprobar que entre nuestros 44 millones de habitantes, los vagos, los violentos inmaduros y borreguiles, son mínimos. Y que su labor destructiva se ve protegida por una clase política populachera, plagada de mediocres antipatriotas, que no han sabido hacer su trabajo y que desde mediados del siglo pasado han preferido hacerse ricos y vegetar cómodamente en el mundo de la política, protegiendo al partido y amamantando con dinero del Estado, a ciertas hordas que meten mucho ruido, pero que son minoría en el país.

Por todo esto y mucho más, que sería muy extenso de explicar, creo que la primera gran Copa Libertadores de América, celebrada en Madrid, que es la capital del país que colonizó ese nuevo mundo, que hoy es un continente libre, con una cultura y lengua hispana que nos une y nos hace amigos, merecería estar en el libro de los récords.

Argentina es el primer y el único país de América que ha realizado esta gesta y creo que sin darnos cuenta fue algo similar al homenaje a los caídos en la Segunda Guerra Mundial. Aquí los descendientes de vencedores y vencidos, disfrutaron de un evento en paz y armonía. Creo que a San Martín, con raíces españolas, le hubiese gustado. Un saludo.