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Sergio A. González Bueno

Sergio A. González Bueno

Persigo la oda del gol; un soneto de campeón; un poético caño, una trova de 'rabonas'; una estrofa de Diez; una copla de aliento... ¡Fútbol y letras!
Sergio A. González Bueno

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Lastrado por recurrentes lesiones musculares, Messi reguló un año para llegar al Mundial 2014. En ese lapso, el capitán de Argentina cuidó piernas y escatimó energías.

Involuntario victimario de Martino, el “10” nunca le dio al Tata ni la cuarta parte de lo que sí le dio a Guardiola o Vilanova.  El calvario incluyó unas vacaciones con absurdas obligaciones comerciales. En lugar de descansar, Leo facturó. En lugar de prepararse para “su” Mundial, Leo recaudó para su fundación. Allí empezó a perder la final del Maracaná el Mas Grande de Todos.

El tiempo –y la amargura posterior– confirmaron la presunción. Messi aterrizó en Brasil sin el entrenamiento invisible de los número UNO y con la confianza bajo mínimos. E hizo lo que pudo. Mucho al principio; apagado en la recta final.

Tampoco lo ayudó el planteo táctico de Sabella. El ex DT de la Selección es un entrenador estratégico; lo conceptual lo desequilibra. O –en idioma criollo– no le quita el sueño. Ningún reproche a su labor. Sólo remarco el ADN de Sabella. Al guión, súmenle las inoportunas lesiones de Agüero y Di María.  Ergo, Messi tuvo orfandad de socios en ataque. Y debió sacrificarse por el equipo. Allí sí demostró grandeza. Pero le faltó fuelle físico. Tanto como fútbol a la Selección.  Ni siquiera el consuelo de haber sido superior a Alemania –Higuaín y Palacio quedaron marcados por sus fallos– fue un aliciente. Por ello, la bronca final del Maracaná. Por ello, Messi debía reinventarse…

            ¿Qué hizo el “10” para acallar a la crítica y retratar a los insolentes? En primer lugar, seguir el consejo de Demichelis. Con humildad, Leo fue a ver al médico nutricionista que “Micho” le recomendó: el italiano Giuliano Poser.  Enseguida, modificó su alimentación; adelgazó tres kilos; recuperó tonicidad muscular. Al tiempo, Leo volaba nuevamente.

Enojado por no poder ganar títulos con Argentina y el Barça, Messi se propuso volver. Y vaya si lo consiguió… ¡Un año de Messi para enmarcar! El mejor Messi era Maradona cada semana. El Messi modelo 2015 homenajea a Di Stéfano en cada partido. Altruista, le dijo al Pistolero Suárez: “¡Vos jugá en la zona caliente. Yo vuelvo al extremo!”. Del falso “9” de Pep al falso extremo de Luis Enrique.

Hoy por hoy, Messi juega donde quiere. Y el Barça retomó la hegemonía perdida. Triplete con los culés (Liga, Champions y Copa); goles antológicos en finales y duelos de tres puntos; el ‘alley oop’ del basket llevado al fútbol (¡Neymar puede dar fe!); liderazgo absoluto del vestuario del Barça. Enojado –consigo mismo y con la cobarde prensa amarillista que lo ‘retiró’–, Messi decidió retomar su reinado. La cartelera anuncia una película que rompe las taquillas: “La Monarquía Messi, parte II”.  Silencio, juega el Rey en el Camp Nou. La sala del Viejo Continente está colmada. El Planeta Fútbol aplaude al divo de la pelota. El actor enmudece al público con actuaciones de galera y bastón.

¡Damas y caballeros, El Artista ha vuelto!