The following two tabs change content below.
Sergio A. González Bueno

Sergio A. González Bueno

Persigo la oda del gol; un soneto de campeón; un poético caño, una trova de 'rabonas'; una estrofa de Diez; una copla de aliento... ¡Fútbol y letras!
Sergio A. González Bueno

Ùltimas notas de Sergio A. González Bueno (mostrar todas)

Un punto con sabor a nada y pacto de caballeros en el Centenario (0-0) y un empate alarmante en el Monumental (1-1). Dos puntos sobre seis; un colectivo deprimido; un futuro inquietante. La anemia goleadora albiceleste escuece. Tanto como el bloqueo emocional del equipo.  No se puede jugar al fútbol con angustia. La Selección padece un trauma psicológico crónico. Juegue quien juegue; dirija quien dirija. Las tres finales perdidas impactaron en el ánimo de los futbolistas. Y la urgencia actual inhibe –aún más– a los viejos y a los nuevos. En dicho contexto, Argentina es un paciente bipolar. Por momentos, la euforia lo delata. En otros, la depresión lo condena. Pasa del fuego al caos o del orden a la anarquía. Y busca en vano el camino que lo conduzca por la autopista de la identidad.
              El karma excede a Messi. O a cualquier futbolista que Sampaoli convoque. No es una cuestión de nombres. Ni de futbolistas que jueguen en Europa o en el fútbol nuestro de cada día. Argentina perdió el rumbo aún jugando finales… En el último lustro del vitalicio mandato de Grondona no hubo planificación ni proyecto. Mucho menos en el interinato de Segura. Al momento de asumir, Tapia le dio la llave de la AFA a Sampaoli. ¿La idea? Refundar la Selección. Argentina tuvo tres entrenadores en la eliminatoria (Martino, Bauza y Sampaoli). A tal efecto, jugó de tres maneras distintas. El escaso ensayo condiciona; el ahogo en la clasificación paraliza. Muchas cosas se hicieron mal. Dentro de la gravedad deportiva, Argentina llega a la recta final en zona de Repechaje. Aunque el consuelo es menor. El Mundial de Rusia peligra. Por ahora, la Selección hace equilibrio en la cornisa. Y el precipicio la aterroriza. Todo puede pasar. El hincha optimista alegará que quedan 180’ de esperanza. El once de los escépticos anunciará –emborrachado de trágico realismo– que sólo un milagro nos llevará a Rusia.
            Argentina viene muy atrás en la encuesta del fútbol. Al borde del abismo, parar la pelota es un sacrilegio. Y ejecutar un plan de juego un imposible. Poco importan los sistemas tácticos. La mochila de la eliminación pesa toneladas.  En los dirigentes, en el DT, en los jugadores y en los hinchas. El pánico a mirar el Mundial por la tele no tiene ateos. Es una pesadilla en HD que nadie quiere vivir. Rezar y sacar cuentas. A eso se encomienda la patria futbolera argentina. Hoy por hoy, el repechaje se firma con los ojos cerrados. Entre tanto, agobia la soledad de Messi. No hay segundas guitarras ni bateristas que potencien al solista de Rosario. Leo afina y sus compañeros desentonan. Sin música no hay goles. ¿Y Sampaoli? Llegó hace cuatro meses. Viajó a Europa; llevó sus videos; habló con los futbolistas; dirigió dos partidos oficiales. No se le puede quitar el crédito a nombre del resultado. O del pánico. A la película de la Selección le quedan un par de escenas. El rodaje final será en octubre. Perú y Ecuador interpretarán al personaje malo de la cinta. Allí sabremos ­–calculadora en mano– cómo será el final.  O Rusia o Devoto. Oremos por Messi.