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Sergio A. González Bueno

Sergio A. González Bueno

Persigo la oda del gol; un soneto de campeón; un poético caño, una trova de 'rabonas'; una estrofa de Diez; una copla de aliento... ¡Fútbol y letras!
Sergio A. González Bueno

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1466936576Argentina es un paciente en estado de coma. La AFA está acéfala; sin presidente en funciones e intervenida por la FIFA. Servini de Cubría desoye las órdenes de Zurich. La suspensión acecha. Para más inri, frustrado y hastiado, Messi renuncia a la Selección. Mascherano seguiría su camino. ¿Cómo definir el presente del fútbol argentino? ¡Crónica de una muerte anunciada! Con permiso de la inmortal pluma de Gabriel García Márquez. Analicemos despojados de pasiones. Grondona ejerció de monarca e impuso la ley del cheque y la libreta. Autoritario, el hombre del poncho manejó la AFA a su antojo. Al principio, tuvo coherencia y respetó los proyectos. Con el tiempo, el negocio (y los negociados) pudieron mÁs. Y los entrenadores desfilaron. Grondona ingresó al ignominioso club del éxito a cualquier precio. Impaciencia con los DT que no ‘ganaban’; nula planificación deportiva; su hijo manejando los Juveniles; la dejadez como política de selecciones. ¿Qué sucedió tras la muerte de Julio I de Sarandí? El grondonismo residual tomó el poder. El papelón de las elecciones del 2015 (robadas a Tinelli por los acólitos de Grondona), produjo un quiebre irreversible. Aquel escrutinio fraudulento decretó la lenta agonía del fútbol argentino.

En dicho contexto, la Selección viajó a EEUU a disputar la Copa América Centenario. Sin Messi (lesionado tras el absurdo partido amistoso ante Honduras), le ganó con autoridad a Chile en el debut. Pese a las dificultades, el equipo se asentó. Con la solidez como bandera. Y un torneo fantástico de Romero, Otamendi y Banega. Al volver Messi, los planetas se alinearon. ‘Hat-Trick’ de Leo ante Panamá y el 10 fresco para jugar los 90 minutos a partir de cuartos de final. Confiados, los futbolistas se juramentaron que ésta vez no se les podía escapar. Empero, algo no cerraba. Martino había traicionado –discursivamente– la famosa idea. Aclaración importante: el Tata declaraba de una manera y el equipo jugaba de otra. Primera gran contradicción. De repente, no importaban las formas. Había que ganar como sea. Segunda gran contradicción.

En la conferencia de prensa previa a la final, Martino sentenció: “Necesitamos ganar. Esta vez no importa el cómo. Podemos prescindir de él”. Pura confusión. Puro desconcierto.

Volvamos al fútbol. La Selección tuvo un cuadro muy accesible. Venezuela en cuartos y EEUU en semifinales. La suerte estaba de su lado. Pero Martino omitió un viejo axioma del deporte rey: “Para ganar finales hay que jugar mejor que el rival.”. Traduzco, el juego como medio para llegar al resultado. Y Argentina jugó decentemente sólo treinta minutos en el MetLife. Expulsiones al margen, Chile tuvo el control del partido. Aunque sin llegadas. Pizzi le ganó el duelo táctico a Martino. Argentina no tuvo guión ni resto físico. Anárquica, apostó a arrestos individuales en el complemento. Mientras Chile jugaba como un equipo, la Selección jugaba a lo que le salía. Y se arrastraba por la cancha. Algunos dirán que Bravo fue decisivo. Y que le sacó una pelota imposible a Agüero en la prórroga. Lo admito. En la alta competencia, los títulos por detalles. Y la paridad manda. Pero Argentina no jugó nada bien. No podemos mentirnos. Aunque Martino soslaye la autocrítica y nos quiera vender un relato a la carta en la rueda de prensa.

Vayamos a Messi. Sin auxilio colectivo ni socios de pies sensibles (a excepción de Banega), Leo estuvo huérfano en la final. Ningún compañero se asociaba a él; no tuvo opciones de descarga; Higuaín y Agüero nunca conectaron con el 10; Biglia fue un lastre para el equipo; Di María no estaba para jugar. Y el Tata se encaprichó llevando jugadores lesionados. E incluyendo al citado Di María en la final sin estar al cien por ciento. El fútbol es un juego colectivo. Una falacia del imaginario futbolero: Maradona ganó en México 86′ solo. ¡Mentira! Diego tuvo un equipo que lo cobijó; un funcionamiento que lo potenció. Como decía el recordado Alfredo Di Stéfano: “Ningún futbolista es más importante que todos juntos”.

Acerca de la renuncia de Messi, espero que recapacite. Hoy por hoy, lo veo extremadamente difícil. Los mediocres, los corruptos y los insolentes han hartado a Messi. En cada final perdida lo masacran; lo responsabilizan de todo; lo acusan de pecho frío y de carecer de temperamento ganador. Sólo falta que que le echen la culpa de la corrupción de la FIFA… Mayúsculo absurdo. Vivimos en la era del éxito. Ergo, el que no gana no sirve. El que pierde es un paria. Perverso mensaje social que compró hasta un DT inteligente como Simeone. Y Messi, lleno de frustración y desencanto, le dijo adiós a su amor imposible. Muy lamentable. Ojalá el 10 rectifique. Y que la enferma sociedad que supimos construir (y educar) entienda que perder no conjuga con la muerte. Perdón, Leo. No sos vos.  Somos nosotros. Damos pena cada noventa minutos. Y estamos llenos de envidia. ¿Sabés por qué, Leo? Porque nosotros, en el diario partido de la vida, perdimos más que cuatro finales. Y no nos hacemos cargo. Así nos va. Volvé, crack. Y perdonanos. No somos dignos de vos.

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