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Carlos A. Ochoa Blanco

Carlos A. Ochoa Blanco

Colaborador Revista Argentinos.es
Carlos A. Ochoa Blanco

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Qué raros somos los humanos. Estos días todos hemos podido ver y leer multitud de comentarios, referentes al incendio de la Catedral de Notre Dame. En todas las tertulias, noticieros y periódicos se comentaba el valor arquitectónico e histórico del templo. Nos decían  que allí se coronó a Napoleón y a Josefina, se beatificó a Juana de Arco, se coronó a Enrique VI de Inglaterra, se celebró la Misa de Réquiem del general Charles de Gaulleetc. etc. etc. 

Se habló hasta la saciedad de su valor arquitectónico, de las reliquias, su órgano y de un montón de detalles más, que hacen que este edificio sea una joya para la humanidad.

Pero yo no escuché o leí (quizás se dijo) que este lugar era la casa de Dios. Es decir, que al final esta catedral se ha convertido en un «becerro de  oro» que todos adoran, pero no por lo que representa, sino por lo que contiene. Por lo que se ve y oye, valoramos más lo material que lo espiritual. Y yo digo, si los cristianos creemos verdaderamente en Dios, ¿no se nos ocurrió pensar que el Señor está hasta la coronilla de que usemos sus símbolos, como atractivo turístico y mundano, dando más valor al edificio que a lo que representa?

Si realmente creemos en Dios deberíamos pensar que lo que sucede en el mundo, es porque Él lo permite. Al menos eso es lo que nos manifiestan los sacerdotes, siempre que nos alcanza una desgracia. Por eso en los funerales nos dicen: «Nuestro hermano o hermana ha sido llamado por Dios…» Quizás el incendio de la catedral sea un mensaje o una prueba de Dios.

Entonces deberíamos preguntarnos: ¿Por qué lo permitió?  Quizás porque está harto de que un lugar de culto se haya convertido en un atractivo turístico, donde se resaltan todos los valores materiales y no se habla de los espirituales. En una visita guiada el turista sale de allí viendo la magnifica obra del hombre,  sin enterarse de la gran obra del creador de ese hombre.

Hemos convertido los símbolos cristianos en un atractivo turístico, donde las y los famosos de turno peregrinan intentando mostrarnos su supuesta «virtud fervorosa», ante las cámaras de TV. 

Eso lo podemos ver en las procesiones de Semana Santa, cuando los famosos y famosillos aprovechan la situación para robarle protagonismo a Jesús. Al final, la mayoría del público que acude a la procesión, termina más interesado por saber donde está el famosillo de turno, que por ver y comprender el sacrificio que representa ese Hombre clavado en una cruz.

Algo similar está sucediendo con romerías, como la del Rocío. Que se han transformado en un negocio turístico y en una pasarela para los chismorreos televisivos, donde personajillos de la farándula encuentran su minuto de gloria, para regocijo de una audiencia mas preocupada por los amoríos de artistas, toreros, señoritas ricachonas y folclóricas de turno, que por lo que debe representar y transmitir ese acto, en honor de la Virgen del Rocío. 

Es decir, que quizás este incendio o las lluvias de Semana Santa son una queja de Dios, para que demos más importancia a lo espiritual que a lo material. Quizás el Señor nos está diciendo que los templos no son elementos turísticos o un lugar de negocio para mercaderes, sino que son puntos de encuentro, para escuchar la palabra de Dios, las enseñanzas de Jesús, meditar y rezar.  

Otra de las cosas que estoy seguro que cabrean a Dios, es la gran cantidad de millones de euros que sea han donado para reconstruir el «becerro de oro», mientras no hay dinero para los millones de hambrientos, pobres y enfermos que tiene este planeta. Quizás Jesús nos diría que ese dinero estaría mejor empleado en escuelas, hospitales, orfanatos, asilos de ancianos u otras obras como por ejemplo conseguir agua potable y luz, en aquellos lugares de África, Asia o América donde la gente se está muriendo de enfermedades que en París son fácilmente curables.

Quizás incluso Jesús les preguntaría a todos esos donantes de grandes fortunas, ¿sabes cómo viven tus trabajadores?, ¿te preocupas por su bienestar y su salud?, ¿te beneficias de países cuya política totalitaria, convierte en esclavos a los ciudadanos, para que estén al servicio de un partido político?, ¿te preocupa que lo que produces sea más barato, gracias a que tus fábricas están en países del tercer mundo, donde la falta de derechos sociales hacen que un obrero tenga que trabajar, casi en esclavitud, por un salario de miseria? 

Hoy las noticias nos dicen que en Sri Lanka muchos cristianos han pagado con su vida el creer en Dios. Pero el mundo no se ha conmocionado lo mismo que con el incendio de Notre Dame.

Nadie dona grandes sumas de dinero a las familias de los masacrados, para que repongan sus bienes, paguen sus funerales y curen sus heridas. Posiblemente muchos queden inválidos. ¿Alguno de los donantes de Notre Dame, se acordará de ellos? ¿Vale menos la vida de un humano, que una catedral? ¿Eso es ser cristianos? Un saludo.