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Betiana Baglietto

Betiana Baglietto

Redactora Jefa at Argentinos.es
Periodista, escribidora. Con un pie en cada orilla. Más de 10 años en España, y aún no pierdo el acento. Loca por Bruno y Mateo

La actriz y cantante argentina es la abuela alterna del elenco del musical ‘Billy Elliot’ que cautiva en el Nuevo Teatro Alcalá de Madrid.

Una vez más, un musical que triunfa en la cartelera madrileña convoca nuestra atención. Y es que, como suele ser habitual desde hace muchos años, su elenco está salpicado de talento argentino de exportación. Pero este, además, se ha estrenado –y allí se quedará por muchos años debido a la complejidad de su montaje y puesta en escena- en el preciosísimo Nuevo Teatro Alcalá de Madrid, propiedad de la familia del fallecido empresario argentino Alejandro Romay.

Hasta allí fuimos el jueves 7 de junio para disfrutar de una función muy especial, dedicada precisamente a todos esos actores, músicos, directores o productores argentinos que han aportado y apostado desde hace casi dos décadas, por hacer de Madrid una de las grandes capitales de los musicales, desde la llegada de El Hombre de la Mancha a la Gran Vía en 1997 .

Y desde muy cerquita desde donde el argentino Gaby Goldman dirige a su orquesta de músicos –entre los que toca Quique Berro-, reímos, lloramos y gozamos con la bella historia de ese niño inglés, perteneciente a una familia de rudos y sufridores mineros, que descubre que su pasión es el ballet clásico y, muy en especial, con su abuela, interpretada por una estupenda Patricia Clark.

Billy Elliot ya nos había conmovido en la versión cinematográfica de Stephen Daldry del año 2000, en la que esa tremenda crisis que atraviesa el sector minero por las medidas adoptadas por la primera ministra Margaret Tachter lleva a los trabajadores a realizar una huelga de un año entre 1984 y 1985 y a una consecuente situación límite, no muy disímil de la que por aquel entonces atravesaban tantos sectores en Argentina, tras la infame década de privatizaciones y ajustes menemista.

La adaptación al musical, que durante 11 años conquistó al público londinense y otros cuatro al de Broadway, es todavía más cautivante, quizás por esas tres intensas horas en vivo y en directo de música, de danza, de claqué y también de diálogos que pasan con total naturalidad del drama a la comedia o viceversa y te mantienen atado a la butaca, entre risas y lágrimas.

Para hablar del montaje, protagonizado por Carlos Hipólito (padre de Billy) y Natalia Millán (profesora de danza) y de media docena de Billies que van rotando debido a la exigencia y periodicidad de las funciones, y para analizar también esa homenajeada aportación del talento argentino a la escena madrileña, elegimos precisamente hablar con una de esas actrices que en 2002 cargó Buenos Aires su maleta de sueños e ilusión y se los trajo para cumplirlos en España.

A pesar de coincidir con un año en el que tantos argentinos cruzaron el charco para buscar un horizonte mejor que el que pintaba la enorme crisis argentina, Patricia Clark vino a Madrid para estar cerca de su hija, que se había mudado aquí. Además de sueños e ilusión, se trajo un currículum plagado de arte: jazz artist, bailarina de claqué, cantante de publicidad, papeles en Cats, El Beso de la Mujer Araña, Jugando a la Barbarie y Juego de Espejos

Me costó un año conseguir aquí mi primer papel, ese necesario para hacer calle e insertarte en el país”, recuerda al mencionar Cabaret, el musical más exitoso de la historia, como su primer papel aquí, más allá de sus conciertos de jazz en salas como Clamores. Desde ahí, en época de pleno crecimiento de los musicales en Madrid, ya no paró de trabajar en otras producciones como Saturday Night Fever, Sonrisas y Lágrimas (con la también argentina Silvia Luchetti), Nine o Don Juan Tenorio, hasta el Billy Elliot de hoy que tan encantada la tiene.

“Tuve la fortuna de que me eligieran como abuela alterna entre 23 y es maravilloso. Eso que tenía un gran hándicap, el de que había que tener un castellano neutro clavado, eso te abre puertas y es algo que a los argentinos nos cuesta. Podemos suavizar nuestro acento, pero no quitárnoslo. Para mi primer papel en España, en Cabaret, no lo necesité porque tenía que hacer de alemana, hablar en español con acento alemán. Luego entrené el castellano muchos años, pero cuando empecé a hablar inglés con acento español me asusté y lo dejé”, cuenta.

Después de ver sobre el escenario esa abuela olvidadiza a la que solo le importa esconder comida por distintos rincones de la casa y cuya senilidad la mantiene felizmente al margen de la pérdida de la madre de Billy y de la grave situación económica que atraviesa la familia, tras verla cantar y bailar con una energía desbordante, le preguntamos cómo acaba cada función que le toca realizar: “Después de haber hecho Cats o El beso de la mujer araña en Argentina, esto es pan comido”.

Esa resistencia es fruto de la experiencia pero también de la preparación que traen consigo los artistas argentinos, como también señala Patricia: “Por eso tenemos tanta cabida aquí. También por algo que ahora también está empezando a surgir en España y que es hacer las cosas por amor al arte, arriesgando, sin buscar beneficio económico. En nuestros peores momentos es cuando nacen las corrientes artísticas más grandes. Las crisis nos hacen unirnos y florecer la creatividad, afortunadamente”.

Y de preparación Patricia traía bastante, porque su carrera arrancó a los 13 años, como cantante pop y artista de jazz, de la mano de su padre Barry Moral, destacado director de jazz. En Buenos Aires estudió canto, interpretación, clases de claqué, sabiendo que se “preparaba para algo que iba a venir”. Y lo que vino no fue nada menos que Cats, la franquicia de Broadway que llegó a la capital porteña en el año 93 con director y coreógrafos originales. “Meter el pie ahí fue increíble”, confiesa.

Si bien se presentó a las audiciones sin la presión de tener que quedar, si no más bien por abrir otras puertas, por ese afán muy suyo de investigar y hacer cosas diferentes, haber ingresado en el elenco marcó un antes y un después en su carrera y le permitió incluso estar nominada a las premios ACE.

Clark es de las artistas que piensan que hay que estar preparándose siempre. Por eso hasta hoy ha seguido haciéndolo: “Por un lado, soy vocal coach en la escuela Marand Musical de Madrid, en la que enseño a niños y niñas mis conocimientos. Me gusta la idea de sembrar la semillita de Patricia Clark y que vayan creciendo con las enseñanzas de sus maestros como lo hice yo. Son chavales que estudian interpretación, canto, comedia e instrumentos y se toman las cosas muy en serio. Ya tenemos varios alumnos trabajando en El Rey León, en Anastasia o en Billy Elliot. Pero a la vez, yo también sigo estudiando para perfeccionarme y seguir creciendo. No hay que aprender hasta cierta edad, sino siempre”.

En un descanso de una de las tantas clases que toma a da fue cuando nos atendió Patricia y no quiso despedirse sin dejar de hablar de lo que hablamos casi siempre en estas páginas, de esa experiencia de argentinos viviendo en España: “Estoy muy contenta de vivir aquí, me siento como en casa, muy de este lugar, y más contenta de poder hacer mi vida artística. Un abrazo a mi gente, a mis queridos argentinos. Estoy feliz por este homenaje que nos han hecho, porque somos muchos los que venimos batallando desde hace mucho tiempo, así que mi abrazo va para todos”.