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Sergio A. González Bueno

Sergio A. González Bueno

Persigo la oda del gol; un soneto de campeón; un poético caño, una trova de 'rabonas'; una estrofa de Diez; una copla de aliento... ¡Fútbol y letras!
Sergio A. González Bueno

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El inclemente calendario no da tregua. Rusia asoma en el horizonte de la Selección.  El 16 de junio, en el Otkrytie Arena de Moscú, Argentina debutará en el Mundial. Islandia será la bautismal prueba de fuego para un equipo envuelto en polémicas y desprolijidades.

A riesgo de que me acusen de pesimista serial, una sensación hija del sentido común. Argentina no llega como candidata. Ni siquiera el Alfa y Omega de Messi disimula años de mala praxis. En una especie de bizarra confabulación, las autoridades del fútbol argentino reescribieron el manual del disparate. Egos desmedidos; juegos de poder; el interesado maniqueísmo de la Casa Rosada; la absurda política de no planificar. El perverso combo nos legó tres entrenadores, innumerables papelones, amenazas de desafiliación y una clasificación angustiosa. Con Messi en modo héroe y rumores en off de favores ‘made in’ Ecuador. Tocamos fondo y entramos a Rusia por la ventana de Quito. Sin embargo, el desahogo mundialista no calmó a los canallas. Al contrario, los envalentonó…

            En la otoñal Buenos Aires, los operadores no se toman vacaciones. Los cortesanos del poder lanzaron una provocativa campaña: Tévez al Mundial. ¿Cómo es la estrategia disuasiva? Instalan el tema en medios amigos tratando de presionar al entrenador. En el fondo, intentan condicionarlo. A ellos no les importa la suerte de la Selección. Mucho menos respetan los gustos de Sampaoli. Son bufones de la corona; patéticos emisarios que cuidan su negocio. Sólo los desvela el humor del Rey. Para más inri, el deporte nacional de las especulaciones salpica al Zurdo de Casilda. ¿Qué se dice en la fauna mediática? Que Sampaoli quiere dejar afuera del Mundial a Romero y Mascherano. Que Messi lo impidió. Que el grupo no quiere a Icardi. Que el DT cedió y negoció a Dybala –sin química con los históricos– entre los 23. Que los referentes no quieren caras nuevas. Que el entrenador prefiere a Armani o Caballero antes que a Romero. Siglo XXI, Cambalache: “Y en el mismo lodo, todos manoseados”.

            Sin ánimo de dramatizar,  ¿por qué absurda razón Messi está obligado a ganar el Mundial? Es un sinsentido en toda regla. Salvo milagro o súbita alineación astral, Argentina se volverá de Rusia sin título. Ansío equivocarme. Y que este artículo sea objeto de cargadas al por mayor. No obstante, la razón golea al deseo. En general, se siembra lo que se cosecha. Aquellos que firmaron pactos de no agresión con el amanecer lo saben. En cuanto a Messi, el hincha cae en una trampa premeditada. La absurda comparación con Maradona. Hace un tiempo, Valdano – eximio catador de la cultura popular–, sentenció: “Diego es emocionalmente imbatible”. Volea al ángulo. Al respecto, los argentinos tenemos morbo con las antípodas. En la era de la grieta, la división es la estrella. Tener la razón nos erotiza. Reducimos todo a ganar o perder. Al éxito o al fracaso. En idioma Bielsa, “poco importa la nobleza de los recursos utilizados”. Asumamos lo que somos. Y gambeteemos el grotesco a nombre del orgullo. Maradona y Messi son argentinos.