Nico Di Pasqua

La edad de los millones y los grandes empresarios que atraviesa el fútbol mundial ha bañado de lógica a un deporte que derrochaba sorpresa. Resulta aburrido encontrarse en este juego con la imagen previa del resultado que va a consumarse. Hace unos años los poderosos han impuesto el absolutismo de sus presupuestos a la creatividad de aquellos que administran recursos limitados. Es así como el simpatizante ha terminado esperando con ansiedad los enfrentamientos entre aquellos que dominan el mundo, para disfrutar de la famosa ‘dinámica de lo impensado’ que pregonaba el recordado Dante Panzeri.

En la última década Real Madrid y Barcelona se han ubicado al tope de la consideración mundial. La presencia de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, los dos máximos exponentes del fútbol actual, la inteligencia táctica de entrenadores de lujo como Josep Guardiola o José Mourinho que han entregado un inmejorable marco estratégico a estos clásicos choques y las grandes figuras que han permitido a uno y otro club conformar equipos de alto nivel competitivo, se conjugaron para transformar al máximo duelo del fútbol español en un evento futbolístico rutilante.

Esta noche el Santiago Bernabeu fue testigo de un partido inolvidable. Un espectáculo que llevó a un segundo plano el aspecto táctico del juego. Que dejará en el olvido el nombre de los entrenadores. Que barrió bajo la alfombra la enorme cantidad de errores de los jueces de línea que, por suerte, no incidieron en el marcador. Que colocó en lo más alto las cualidades individuales de los futbolistas que han convertido este Clásico en uno de los más emotivos y espectaculares de todos los tiempos.

Vértigo y situaciones de gol se conjugaron con errores y permisividad para convertir a Keylor Navas y principalmente a Marc André ter Stegen en protagonistas sobresalientes de la noche madrileña. No hubo margen para el respiro. El juego fue continuo y emotivo. Fue una transferencia al fútbol de aquella recordada velada boxística que Roberto ‘Mano de Piedra’ Durán y Sugar Ray Leonard dejaron para la posteridad en los orígenes  de los años 80. El fútbol en toda su dimensión.

Pudo ganar cualquiera. El trámite fue cambiante. De entrada los ‘merengues’ parecían dispuestos a arrollar a un Barcelona sin reacción en lo defensivo. Pero cuando los catalanes se pudieron adueñar del balón plantaron bandera de dura batalla. Ni unos ni otros pudieron controlar el juego adversario. Aun cuando cada ataque respondía más al caos propuesto por la capacidad individual que a estructuras ofensivas prefabricadas, la pelota llegaba con facilidad a ambas áreas haciendo culto a la escasa prestancia defensiva de los dos conjuntos. Se permitió crear y no se intentó presionar en ningún sector. Se observó un partido de otra época. De esos tiempos donde el fútbol era más juego y menos negocio.

Con el 2-2 casi consumado la última jugada del partido fue un fiel reflejo de todo lo acontecido. Real Madrid dejaba la liga prácticamente sentenciada con el empate. Sin embargo se instaló desordenadamente y con un hombre menos en campo rival a intentar el triunfo agónico. Y de un lateral junto a la línea de fondo Barcelona construyó un ataque que culminó con cinco hombres propios atacando a tres defensores locales. Ni Toni Kroos ni Marcelo recurrieron a un necesario foul táctico que hubiera detenido la heroica carrera de Sergi Roberto hacia terreno adversario. Con todo lo expuesto quedaba que alguien pusiera orden en tanto caos. Messi recibió un gran pase de Jordi Alba y despachó un zurdazo con el sello de la sentencia. Le puso orden al caos y pintó de drama un campeonato que parecía terminado.

Ahora Barcelona es puntero. Ha alcanzado la línea de Real Madrid –con un partido más disputado- y disfruta de la ventaja en el mano a mano. La Liga espera un final para el infarto entre dos equipos que han perdido las formas pero guardan un enorme y fiel respeto por el juego. Entre ambos han fabricado un partido para la historia. No se hablará de tácticas, de chismes, de errores arbitrales ni de entrenadores. Porque una noche recordamos que en este deporte lo más importante es el jugador. Que el caos es la principal virtud del fútbol. Que la sorpresa le torció el brazo a la lógica. Que Messi es el único hombre capaz de ordenar el caos con una pelota en los pies.