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Betiana Baglietto

Betiana Baglietto

Redactora Jefa at Argentinos.es
Periodista, escribidora. Con un pie en cada orilla. Más de 10 años en España, y aún no pierdo el acento. Loca por Bruno y Mateo

El escritor y periodista argentino publica por primera vez en España la última de sus tres novelas negras, No pidas nada, con el Tano Gentile, un periodista desilusionado con su profesión, como protagonista.

No pidas nada (Alfaguara) es el la última novela de Reynaldo Sietecase, escritor y periodista argentino de extensa y reconocida trayectoria, cuya obra llega por primera vez a España.

Un héroe de carne y hueso, con sus más y sus menos, como le gustan los héroes a Sietecase, es el protagonista de una historia inspirada en hechos reales, los suicidios de un numeroso grupo de militares argentinos vinculados con las atrocidades de la última dictadura militar.

Para presentar la tercera de sus novelas negras y a su héroe de carne y hueso, el Tano Gentili, estuvo su autor el pasado mes de noviembre en Madrid y Barcelona y, vía telefónica, habló también con Argentinos.es.

 

P. -¿Por qué tuvimos que esperar a la tercera de tus novelas para que se edite en España?

R. Tal vez por el tema que trata, una historia en la que el protagonista es un periodista desencantado con su profesión, que se pone a investigar una serie de suicidios de represores de la dictadura, algo que ocurrió de verdad en la Argentina, pero de lo que no se ha hablado ni se sabe demasiado. Hubo 105 represores prófugos que debían ser juzgados y varios de ellos fueron inducidos al suicidio. Puede que el interés generado acá tenga que ver con todo el tema de la Memoria Histórica…

 

P. -Es curioso que el protagonista de un policial sea un periodista y no un detective, ¿no?

R. Sí, es algo de lo que se está hablando mucho, porque creo que soy el primero que hace hincapié en eso. Vos que sos argentina quizás vas a entender mejor por qué. En América Latina, por las dictaduras que atravesamos, por la gran corrupción que está asociada a la institución policial, es muy difícil hacer creíble a un policía buscando la verdad. La mayoría de los escritores apelamos a civiles que cuentan lo que pasa, que dan testimonio, como decía Rodolfo Walsh con su relato de los fusilamientos. Y al final, ese defecto se convierte en una virtud, en una cualidad propia de nuestra novela negra latinoamericana.

 

P. -Algo que precisamente llama la atención de cuando te venís a vivir acá es que la gente confía y se apoya en la policía, es una institución con prestigio. En la Argentina de hace 20 años, al menos, eso era imposible.

R. Sigue ocurriendo. Y, por eso, creo que nosotros no tenemos el típico detective del policial europeo, no tenemos un Pepe Carvalho (personaje de Manuel Vázquez Montalbán). Una vez, hablando de esto en un encuentro literario, se me acercó Sergio Ramírez para decirme: “repite lo que dijiste sobre el estrado. Por fin alguien le da forma a esto que nos pasa a los escritores latinoamericanos de novela negra.” Y es algo que yo veo no solo como escritor, sino también como lector y está bien que nos pase.

 

P. -Ernesto Mallo, que sí tiene un comisario como protagonista de sus novelas, dice que algún policía bueno tiene que haber en Argentina y que él sí que conoce a alguno.

R. Claro que sí, y tiene que ser un buen desafío construir una historia con ese protagonismo. Ernesto es una de las pocas excepciones nuestras. Si te fijas, ni Claudia Piñeiro ni Sergio Olguín tienen héroes policiales. En la novela negra es central que la historia sea creíble, sino se cae, se debilita.

 

P. -¿Qué tipo de héroes te gustan?

R. Los normales, la gente común, cercana, con problemas, como el personaje de mi novela, que es un tipo en caída libre. Un Philip Marlowe (Raymond Chandler), con sus propios valores.

 

P. -¿Coincidís con que todo lo que es malo para la historia es bueno para la literatura?

R. En cierta medida sí. Todo lo que tiene que ver con lo trágico, a veces es fuente de inspiración. Todos acudimos a Borges siempre y él decía que la ficción no necesariamente es contradictoria con la realidad. La puede complementar, enriquecer, completar… Se puede dar dimensión literaria a hechos trágicos.

 

P. – ¿Por qué te inclinaste por la novela negra?

R. Porque era lo que leía siempre, es lo que me gusta, la aventura. Desde los 17 años escribo poesía, que es siempre un círculo misterioso y pequeño, pero hubo un episodio en mi vida que me llevó a escribir novela. Participé en un taller que impartía Tomás Eloy Martínez, en el que éramos seis argentinos y seis extranjeros y teníamos que producir un texto para trabajar la técnica periodística. Yo, que soy de Rosario, había conocido a un asesino, un abogado de prestigio, que se hizo muy famoso en los 80 porque mató a su víctima y la disolvió en ácido sulfúrico, una especie de Hannibal Lecter nacional. Hice mi texto sobre eso, y Tomás, antes de evaluarme, me dijo: “Usted tiene ahí una novela”. Yo, claro, sorprendido, dudé, le contesté que no sabía y me replicó: “No dije que la pueda escribir”. Entonces me volví loco, empecé a buscar material, investigar, hice 43 entrevistas y llegó un momento en el que me trabé, no podía avanzar. Conseguí volver a contactar con él y tomándonos un café en La Biela me volvió a abrir el horizonte: “Te dije una novela”. No tenía que seguir investigando sino ponerme a escribir y de ahí salió Un crimen argentino, porque al final retrataba un modo de matar nuestro, porque un tipo en los 80 asesinaba como se había asesinado durante la dictadura. Soy un agradecido de Tomás, que además es un referente ético del periodismo, ahora que la profesión está tan degradada.

La novela negra te permite, además, entender una sociedad, porque más allá de una buena historia bien contada, tiene que tener como telón de fondo una sociedad, sus relaciones sociales y entre la justicia, el poder… de ese determinado momento.

 

P. -¿Te sirvió esta novela para hacer catarsis de la realidad?

R. Me sirvió para demostrar mi desencanto con el periodismo, en el que la verdad dejó de ser importante, ahora es más importante que te crean.

 

P. – ¿Cuesta levantarse cada día para hacer periodismo con ese desencanto?

R. Es un proceso, un ida y vuelta, como el de mi personaje, que gracias a la investigación que comienza se engancha otra vez con su profesión. Y es algo que nos pasa a muchos.

 

P. -Hacé de cuenta que no hay internet ni nada, ¿qué noticias nos traés de Argentina?

R. Que estamos otra vez en una tremenda crisis, en un momento de gran incertidumbre, con nuestra historia pendular. Somos una democracia fallida, un país extraordinario, capaz de generar lo mejor en muchos campos, a la vez que incapaz de generar un proyecto político sustentable y esperanzador, con justicia social e igualdad, siempre volvemos a lo mismo.