1411Leonardo Sbaraglia, Clara Lago, Pabo Echarri, Federico Luppi y Javier Godino protagonizan este thriller de producción hispano-argentina.

2016 traerá nuevas producciones cinematográficas con aportes de una y otra orilla del Atlántico. Una de ellas será Al final del túnel, thriller policial que protagonizan los argentinos Leonardo Sbaraglia, Pablo Echarri, Federico Luppi y los españoles Clara Lago (Ocho apellidos vascos) y Javier Godino, y se estrenará el 14 de abril.

La película, que ahora se rueda en Argentina y luego seguirá en España, está escrita y dirigida por Rodrigo Grande y producida por Tornasol Films, El Árbol Contenidos y Haddock Films, en coproducción con Telefé y con la participación de TVE.

“Quería trabajar un género diferente a mis dos películas anteriores. Lo primero fue sentarme horas y días en un bar y pensar. Tomar notas. Descartar mucho. Mezclar ideas. Así nació esta película de suspenso con una atmósfera inspirada en los relatos de Edgar Allan Poe, de casas habitadas por fantasmas del pasado y ladrones que las rodean”, explica el cineasta. .

La historia

Joaquín es un hombre de 45 años que está en silla de ruedas. Su casa, que conoció tiempos mejores, ahora es lúgubre y oscura, hasta que llegan. Berta, bailarina treintañera de striptease y su hija Betty, para alquilarle una habitación y el lugar se llena de vida y alegría. Pero una noche, mientras repara ordenadores en su sótano, Joaquín escucha un ruido casi imperceptible y descubre que tras su pared un grupo de ladrones está construyendo un túnel que pasa bajo su casa para robar una entidad bancaria cercana.

Joaquín vigila a los ladrones, toma notas, y logra conocer al detalle el plan del robo. Así, se da cuenta de que Berta es en realidad la novia del líder de la banda, Galereto, y que alquiló la habitación para controlarle, distraerle y  que no escuche los ruidos del túnel que están haciendo. Pero él comienza a ejecutar un plan contrarreloj que le permita  frustrar los propósitos de los delincuentes.

El túnel en el que se meten Joaquín y sus “enemigos”, y que da título a la película, funciona entonces como pasadizo entre sus dos opciones,  la vida y la muerte. La imagen enfatizará los claroscuros; la luz y la sombra que se enfrentan en la historia, potenciarán la opresión de la casa para aumentar la tensión  y el peligro. El sonido sostendrá la atmósfera de intriga, acentuando la paranoia y las amenazas que acechan al protagonista aún cuando no las ve. Quejidos de caños de agua, suelos que crujen, sonidos de puertas que chirrían y desagües.