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Carlos A. Ochoa Blanco

Carlos A. Ochoa Blanco

Colaborador Revista Argentinos.es
Carlos A. Ochoa Blanco

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Hay una fábrica con mil obreros y diez socios. Los diez socios deciden introducir nuevas tecnologías en la producción. Para ello instalan maquinaria y robots que reemplazarán a quinientos operarios. Automáticamente, el siguiente paso es despedir a los quinientos obreros, que no son necesarios para un trabajo que solo harán los robots. Con esa reestructuración la fábrica se ahorrará quinientos sueldos y eso debería abaratar el costo final del producto.

Pero la ambición de los diez socios, hace que el monto de los quinientos sueldos se utilicen en el aumento de los beneficios, que irán a parar a los bolsillos de los diez empresarios. Es decir: producir más barato, vender al mismo precio o más caro y guardarse el sueldo de quinientos operarios. Si uno no piensa en el efecto dominó que se nos viene, parece un negocio redondo. 

Pero la cosa no terminará ahí. Pues los socios, al ver el aumento de beneficios, gracias a la reducción de plantilla, deciden una nueva reestructuración. Para ello continúan automatizando toda la producción, que hasta ese momento era realizada por 500 trabajadores. 

El resultado es el despido de 495 obreros, pues con 5 operarios ya es suficiente para controlar todos los sistemas de producción. Nuevamente la empresa tendrá un ahorro de 495 salarios. Ese ahorro tampoco abaratará costos, pues servirá para incrementar los beneficios de los 10 socios. 

El resultado será una factoría totalmente automatizada, atendida por 5 operarios, con 995 trabajadores sin empleo, mientras los diez socios de la empresa cobran magníficos dividendos. 

Pero un día, los diez socios se dan cuenta que en los almacenes de la empresa cada vez se acumulan más productos sin vender. ¿Por qué sucede eso? Pues porque los del mundo de las finanzas, que viven en las nubes rosas del poder y la riqueza, no se dan cuenta que una fábrica, para ganar, no solo necesita producir, sino también necesita vender. Y para vender, alguien tiene que comprar. Y para comprar, la gente necesita dinero. Pero actualmente ya hay millones de personas como esos 995 obreros, que están quedando en la calle o tienen trabajos precarios, que no les permiten consumir lo que desean. El problema se agravará aun más, pues al disminuir el consumo habrá más empresarios que busquen rentabilidad cambiando humanos por máquinas. Eso logrará que las familias sin trabajo y otras por miedo a perderlo, sigan reduciendo todavía más el consumo. Lo cual afectará al final a comercios, bares, transportes, ocio, etc. 

Esto ya está sucediendo y los gobiernos en vez de buscar soluciones, pretenden salvar la situación incrementando las ayudas sociales. Pero esas ayudas se pagan con impuestos. Eso obliga a crear nuevos impuestos e incrementar los existentes, agravando aun más la situación, porque disminuye el ahorro de los que todavía tienen trabajo y que ven cómo su dinero ya no les alcanza por culpa de la gran carga impositiva. Pequeñas empresas y comercios tienen que cerrar por falta de consumo. Cada vez hay más gente sin trabajo y los pocos empleos que hay son precarios o para gente muy preparada. que se verá obligada a trabajar por salarios de miseria. 

Las grandes corporaciones empresariales, así como la clase política, todavía no se han dado cuenta que al final ellos también se hundirán por la falta de consumo y exceso de impuestos. 

Cada vez hay más niños desnutridos o muriendo de hambre y son más necesarios los bancos de alimentos, los  mercadillos de segunda mano, comedores sociales, los subsidios limosna, etc.

La gran burocracia de gobiernos y organizaciones mundiales, “salvadoras” de la humanidad, repletas de señoras y señores de trajes caros, se están convirtiendo en un gran lastre para los trabajadores paganinis de impuestos, que ven cómo su dinero se va para mantener instituciones cuyas ocurrencias, para acabar con el hambre, son que comamos gusanos, grillos, hormigas, etc.

¿Cuál es la solución? Pues no lo sé. Pero las y los lumbreras que gobiernan el mundo deberían darse cuenta que no todo se arregla subiendo o inventándose impuestos, que siempre pagan los trabajadores. El exceso de impuestos y la robotización sin control, están matando la gallina de los huevos de oro, que son los trabajadores. Sin trabajos estables, que permitan programar el futuro de una familia, todo se hundirá. La contaminación de las ciudades mata a largo plazo, pero el hambre te mata en unas semanas. Quizás el problema es que el mundo está gobernado por aficionados. Hoy cualquier administrador de una empresa debe acreditar y demostrar que sabe hacer su trabajo. Pero para presidir un gobierno no exigimos nada. Cualquier caradura con labia y un coro de borregos que lo aplaudan, puede llegar a presidente o “presidenta” de su país. Creo que la humanidad ha empeorado, pues según nos cuenta la historia, antiguamente se  elegía a los más inteligentes y preparados de la tribu. Hoy nos vale cualquier cosa, solo hay que ver la lista de gobernantes ineptos que tiene este planeta.

Un saludo.