Cuando oigo hablar a algunos dirigentes sindicales de nuestro país, me parece estar oyendo a un comentarista o crítico de fútbol, de esos que todo lo saben. Son esos críticos de fútbol que nos dicen qué jugadores tendrían que haber saltado a la cancha, qué deberían haber hecho, qué marcajes eran necesarios, etc., etc. Rebosan tanta sabiduría que uno no puede menos que preguntarse: ¿Por qué no se convierten en entrenadores de fútbol? Seguro que ellos, que parece que todo lo saben,  serian triunfadores y sus equipos o la selección argentina serian imbatibles.

Esa misma pregunta me surge cuando escucho las arengas de nuestros dirigentes sindicales, atacando al mundo empresarial. Por eso: ¿por qué los sindicalistas argentinos no se convierten en empresarios? Ellos tienen todas las ventajas. Pues sus afiliados conocen y trabajan en la profesión que defiende cada sindicato.  Por ejemplo: los de textil podían juntarse y crear una o varias empresas textiles. Y eso mismo podían hacer el resto de los sindicatos. Supongo que para los sindicalistas que saben cómo debe comportarse un empresario, debe ser muy fácil crear y dirigir una empresa. Se supone que profesionalmente estarán mejor preparados que muchos de aquellos inmigrantes italianos, españoles, turcos, alemanes, japoneses, irlandeses, ingleses, etc. que llegaron a nuestro país. La mayoría no tenían dinero, algunos incluso no habían terminado la escuela primaria, muchos ni siquiera sabían el idioma, pero trabajaron duro y muchos de ellos crearon empresas de todo tipo, que incluso llegaron a ser muy importantes.

Si aquellos inmigrantes fueron capaces de hacer eso, en tierra extraña, porqué los que nacieron en nuestro país y según su verborrea saben lo que debe hacer un empresario y además se supone que conocen la profesión que defienden, no son capaces de crear empresas modélicas, donde el obrero reciba el sueldo justo, que desde la tribuna piden los arengadores sindicalistas.

Si eso sucediese no harían falta huelgas, manifestaciones o protestas callejeras, rompiendo mobiliario y causando destrozos, que luego deberán costear los paganinis de impuestos.

Yo animo a los sindicalistas a crear empresas. Pero claro… empresas de verdad. No empresas truchas, que si la cosa va mal hay detrás algún amiguito, metido en el gobierno o en la política que los salve. Me refiero a empresas en donde si las cosas van mal, el empresario se arruina. Lógicamente, eso con empresarios sindicalistas nunca sucedería, porque los sindicalistas, al igual que los críticos de fútbol, se la saben todas y por tanto tendrían el triunfo asegurado.

Creo que los sindicatos deberían ir pensando en lo que digo. Eso evitaría que nuestro país fuese todos los días un festival de protestas, donde hay cortes de calles, desmanes, violencia, etc.

Todo  eso hace que nuestra patria sea un lugar de riesgo para empresas y empresarios serios. Un país inseguro aleja a los inversores serios y atrae empresas carroñeras, con empresarios buitres cuyo único fin es hacer dinero rápidamente explotando al obrero y sobornando  políticos.

Son empresas que cuando dejan de recibir subvenciones o subsidios, levantan vuelo y se van a otro país de gobiernos corruptos, que tenga las mismas condiciones de putrefacción industrial y política. Son empresas que llegan con la promesa de crear cientos de puestos de trabajo, tiran precios, hunden la industria nacional decente, explotan a los trabajadores, compran políticos y sindicalistas y en definitiva estropean todo el tejido empresarial del país, convirtiendo a la nación en un lugar inseguro para las empresas y empresarios serios de verdad.

Nosotros, las y los argentinos, tenemos un problema muy serio. Necesitamos que nos vean desde fuera como un país seguro y decente para invertir. No podemos seguir siendo campeones de cortes de calles, violencia, sobornos, bombo, cantitos, destrucción de mobiliario, etc.

Quizás nuestro problema es que todavía no aprendimos a ser demócratas. Ser demócrata es dejar gobernar a quien gana las elecciones. Y si hay que pelearse con el gobierno, eso deben hacerlo los diputados de la contra, en el Congreso. Para eso les pagamos buenos sueldos. Y el que no defienda nuestros ideales o nuestro país, se le da una patada, con nuestro voto,  en las próximas elecciones.

Los del pueblo no podemos seguir siendo títeres de los partidos políticos, cuyos líderes nos movilizan cuando no están en el gobierno. El grupo político que pierde unas elecciones debe ponerse las pilas y cuando vuelva a gobernar intentar hacer bien su tarea. Si perdió unas elecciones es porque, para una mayoría, gobernó mal. Así que creo que los sindicatos deberían dejar las calles y convertirse en empresarios. Los políticos deberían dejar gobernar y el pueblo debería dejar de ser tan ingenuo y así no nos usarían de elemento golpista, igual que algunos políticos, usaron en el pasado a los militares. Los militares parece que aprendieron. ¿Cuándo aprenderemos los del pueblo? Un saludo.