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Sergio A. González Bueno

Sergio A. González Bueno

Persigo la oda del gol; un soneto de campeón; un poético caño, una trova de 'rabonas'; una estrofa de Diez; una copla de aliento... ¡Fútbol y letras!
Sergio A. González Bueno

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El fallido acto inicial de las Eliminatorias enterró –definitivamente– el cuestionamiento más absurdo que recuerde. ¿A qué me refiero?  A que la culpa de todos los males de la Selección Argentina era de Leo Messi. ¿Quiénes fueron los autores de tan dantesca sentencia? Muchos periodistas especialistas en analizar finales y no rendimientos; hinchas inyectados de un chauvinismo exasperante; algún entrenador enamorado del músculo y divorciado de la estética; y un puñado de medios sensacionalistas cuya ética periodística juega en Primera D.

Ciento ochenta minutos bastaron para ridiculizar las delirantes acusaciones de los “sabios” analistas de finales perdidas. La nada misma de la Selección condenó a los insolentes a un silencio sepulcral. Al tiempo que reivindicó la figura de Leo Messi… Un mal endémico afecta al argentino medio. Nos molesta la virtud de un compatriota. Y el concepto excede al fútbol. La excelencia es un estigma que nos atormenta. Solemos mirar con desconfianza al que se destaca. ¿Qué nos perturba de aquellos que triunfan? ¿Qué nos distancia de aquellos que alcanzan la elite? Entre tanta mezquindad, la sinrazón golea al juicio. Ergo, soslayamos que el fútbol es un juego colectivo. Y que para ganar títulos se necesita funcionamiento. Chocado el auto de la Selección, advertimos –tardíamente– que Messi es la Única Certeza. O el conductor más fiable.

Vayamos a lo importante. ¿Cuenta la AFA con una política deportiva seria y a largo plazo de selecciones nacionales? ¡No! Actualmente, el sillón vacante de Grondona es un trofeo en disputa al que aspiran Tinelli y Segura. Por ende, el fútbol argentino está en literal estado de abandono. Por más que Segura –inquilino legitimado hasta el acto eleccionario del 3 de diciembre– se esmere en sostener la ficción de una gestión competente. Radiografiemos la acefalía de Viamonte. Papelón de las selecciones juveniles en los mundiales (¡cuánto te extrañamos, Pekerman!); clubes afiliados al borde del abismo financiero a pesar de los ingentes ingresos de FPT (Fútbol para Todos); fútbol sin público visitante en los estadios (la puesta en escena del regreso gradual fue patética); torneo de año calendario sin equivalencias ni convocatoria; barras bravas que tienen de rehén a dirigentes, futbolistas y el espectáculo. Sintetizando, las imágenes nos muestran un explícito ‘grondonismo’ sin el fallecido Julio Grondona en el poder. Así no se puede…

Volviendo a la Selección, Martino asumió el cargo con entusiasmo y apoyo. Enseguida, expuso en los medios su ideario. A priori, el discurso del Tata era seductor. Argentina iba a intentar retomar el protagonismo, jugar asociado, recuperar su identidad. A su manera de entender el fútbol el DT rosarino la definió como IDEA. No obstante, la retórica de Martino chocó con la realidad. Salvo un par de partidos en la Copa América –Colombia y Paraguay–, el equipo contradijo al entrenador. Ausencias al margen, rifó la pelota, no dio tres pases seguidos, la anarquía se devoró la IDEA, los caprichos atentaron contra el sentido común, etc. Así, Ecuador sacó petróleo en el Monumental. Y una modestísima versión de Paraguay se lamentó por un empate sin goles en el Defensores del Chaco. En noviembre, Brasil y Colombia pondrán a prueba la IDEA del Tata. Pronóstico reservado para el paciente Argentina…   ¡Vieron que no era Messi!