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Agua Amarga, los distintos colores de la tranquilidad

Casas y calas blancas, aguas entre azul y turquesa, arena gris y cerros amarillos son algunos de los desestresantes tonos que ofrece este pueblo del Cabo de Gata.

Si hablas con la gente que disfruta de la playa de Agua Amarga durante los meses estivales, es difícil encontrar a alguien que esté allí por primera vez. Dicen que quien veranea alguna temporada en este pequeñísimo pueblo de Almería, que no supera los 500 habitantes permanentes, repite seguro. Motivos hay muchos…

640px-Alm10AguaAmarga0El primero salta a la vista apenas la carretera que viene de Carboneras descubre allá abajo ese conjunto de bajas casas blancas alineadas en unas pocas calles que desembocan en la bahía en la que altas montañas custodian una playa de arena grisácea y mar azul salpicado de barcas. Ya en ese punto dan ganas de detener el tiempo en la instantánea desde lo alto de la ruta.

Aunque bajar y ver esa postal de cerca no desilusiona en absoluto. Angostas callecitas, bares y tiendas con encanto, una sencilla plaza central y pintorescos chiringuitos que miran al mar conforman la propuesta de uno de los puntos más turísticos, pero no por ello súper masivo, incluso en agosto, del Parque Natural Cabo de Gata.

Paraíso de tranquilidad para familias con niños, además de su playa y núcleo urbanos, Agua Amarga está rodeada de calas muy conocidas y visitadas y otras más recónditas y solitarias a las que sólo se puede llegar por el agua. Hacia el lado de Carboneras, la famosa Playa de los Muertos, cerca de un kilómetro de grava blanca y espectacular paisaje, donde solían desembocar los cuerpos de los náufragos, y a la que se accede por empinados caminos. Se trata de un sitio muy frecuentado por nudistas y amantes del snorkel, y por aquellos deseosos de conocer una de las calas más bonitas del litoral español.

Muy cerca de allí está también el faro de Mesa Roldán desde donde se puede disfrutar de unas vistas sensacionales del entorno. Si el viaje se hace en canoa o en algunas de las lanchas a motor que se pueden alquilar en el pequeño embarcadero del pueblo, habrá paradas seguras en otras calas mucha más pequeñas y desconocidas pero no menos atractivas, siempre resguardadas por gigantes acantilados.

Si la excursión es desde Agua Amarga hacia el sur, los paseos obligados son a las calas de Enmedio, de agua cristalina y de todos los tonos de azul, arena y rocas blancas y más difícil acceso, o de Plomo, que siempre cuenta con caravanas como parte del paisaje, entre la arena y los áridos cerros que se contemplan de espaldas al mar.

Sin salir de la bahía central, en su extremo oriental se pueden ver aún los restos de un antiguo embarcadero donde se cargaban barcos con mineral de hierro procedente de las minas de Lucainena de las Torres y las casas que tienen como portal la mismísima arena de la playa. El resto de los mortales tienen que andar algo más hasta llegar a sus lugares de residencia veraniega, casi todos ellos pisos o casas de alquiler, porque apenas hay hostales y unos pocos y diminutos hoteles de diseño. Pero no demasiado, porque además del estrés, el coche es otra de las pesadas mochilas rutinarias que se puede aparcar apenas pisar esta preciosa localidad de Níjar y volver a agarrar cuando asalta el triste momento de abandonarla.

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Betiana Baglietto

Periodista, escribidora. Con un pie en cada orilla. Más de 10 años en España, y aún no pierdo el acento. Loca por Bruno y Mateo

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