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El Bar de Florida de Lomas de Zamora

Quizás lo que voy a contar carece de importancia para algunos, pero quien desciende de inmigrantes seguro que habrá oído lo difíciles que fueron los inicios de sus antepasados en Argentina.

Muchos inmigrantes se hicieron millonarios a cambio de invertir los mejores años de su vida en el trabajo. Pero la gran mayoría no logró ese sueño, y de este grupo, los más afortunados, tuvieron que conformarse con pertenecer a una clase media trabajadora. Pero aquellos inmigrantes no fueron a Argentina a vivir de subsidios, sino que lo hicieron para labrarse un futuro, que en sus países de origen era imposible de lograr, debido en parte a la mano destructora de la guerra y a viejas costumbres sociales que frenaban las nuevas ideas de los emprendedores.

En fin, la cuestión es que mi padre y su primo fueron unos de los muchos inmigrantes que llegaron a Argentina, sin dinero, pero con muchas ganas de trabajar para lograr un mejor estándar de vida. Mi padre, como muchos inmigrantes, trabajó duro, sin horario limite, sin días festivos ni vacaciones, durante muchos años. Mi padre y mi tío, cuando llegaron a Argentina, comenzaron a trabajar en los negocios de sus hermanos. Un día mi papá (Elías Ochoa) y su primo (Martín Calleja), decidieron tener su propio negocio. Buscaron en la Capital, pero lo que encontraban era inaccesible para los ahorros que tenían. Después de mucho buscar, mi tío llamó a mi padre y le comentó que en Lomas de Zamora había un bar que se alquilaba. Fueron a Lomas y hablaron con el rematador (inmobiliaria) pero el dinero que tenían era insuficiente. El rematador confió en ellos y les buscó socios. Así fue como seis inmigrantes españoles se hicieron arrendatarios del Bar Florida, cuyos arrendadores fueron la familia Pirotta, dueños de la propiedad.

No recuerdo los nombres completos de los socios, pero eran seis: José, Jesús Merino, José Luis González. Martín Calleja, Elías Ochoa y el sexto recuerdo que lo llamaban el madrileño, quizás por coincidencia de nombre con otro socio. El madrileño, después de un año dejó la sociedad, para dedicarse al transporte.

Por tanto, el Florida continuó con cinco socios, más los empleados. Los seis socios empezaron atendiendo el Bar Florida en la década del 50, creo en 1951. El Florida estaba situado en la esquina de Laprida y Meeks.

Era un local grande, rectangular, con grandes ventanales, la mayor parte por Meeks. La barra era a lo largo del local el cual tenía dos zonas, una era el salón del bar y otra el reservado, al que se pasaba por un pasillo. En ese pasillo estaban los baños, la escalera que bajaba al sótano y el viejo teléfono, al que yo le hice un poema. En el reservado estaba la cocina y un pequeño salón donde se servían comidas y meriendas.

En aquella época los cines de Lomas daban funciones continuadas. En esas funciones se proyectaban tres películas y siempre había alguna española: Lola Flores, Carmen Sevilla, Sara Montiel, etc. Como mi papá no tenía días libres, pues trabajaban de lunes a lunes, ya que en aquel tiempo los bares no cerraban, entonces mi mamá y yo, después de ir al cine o de compras por Laprida, íbamos a merendar al Florida. Recuerdo el café con leche, las Bay Biscuit que me gustaban y a Miguel, el mozo o camarero que siempre me hacia bromas.

Otra cosa que recuerdo del bar, es aquel olor a café recién hecho y también a la gata del bar que siempre dormitaba en alguna silla del salón y cuando yo la acariciaba se quedaba junto a mí. Esa gata, cuando cerraron el bar y abrieron la tienda de ropa, la llevamos para casa y fue mi mascota hasta que murió en 1964.

Otra cosa que recuerdo del bar eran los comentarios de sobremesa, que mi papá y mi mamá hacían en casa. Por esos comentarios sé que las mañanas eran de desayunos y cafés, para los que trabajaban en comercios, oficinas, estudiantes o hacían sus compras. Por las tardes eran las meriendas y cafés, para los que se tomaban un descanso del trabajo, encuentros de citas, los quinieleros levantadores de apuestas o el descanso en las compras o paseos por Lomas. El reservado tenía más concurrencia en el almuerzo y la cena. Y por la noche, ya en la madrugada, después de que pasaban los que salían de cines y bailes, sobre todo sábados y domingos, llegaba lo peor de aguantar: borrachos, noctámbulos y resto de personajes poco recomendables.

Entre ellos había dos hermanos, no diré su apodo, pues si tuvieron descendientes seguro que no les gustaría. Pero aquellos dos ejemplares, en la madrugada y pasados de copas, eran una fuente segura de problemas.

En realidad lo hacían porque se sabían protegidos por uno de los personajes políticos de Lomas, para el que trabajaban de guardaespaldas. Eran tipos de pistola, cuchillo en el cinto y ganas de hacer ajustes.

Yo diría que eran los típicos guapos del 900, que siempre andaban por los bajos fondos, quilombos y bares buscando lío. Con ellos hubo varios problemas en enfrentamientos con otros malevos de la contra política, que por lo general eran expresidiarios, rescatados para guardaespaldas por el caudillaje político de la zona.

En fin, que eran lo mismo que seguimos teniendo en la Argentina actual. Solo cambia su vestimenta, antes vestían como Gardel y ahora visten como Maradona.

El bar Florida vivió hasta 1959. No sé el mes exacto del cierre, pero yo tenia 8 años cuando lo cerraron y después de unos meses de reforma y en ese mismo año, se inauguró Astur, la tienda de ropa para hombres.

De los socios de Bar Florida solo quedaban vivos, hasta hace tres años, dos socios: José Luis González y mi papá. Por desgracia mi padre falleció en febrero del 2019. En cuanto a José Luis González, el más joven de los socios, no sé si vive, ya que desde su última visita, en el verano del 2017, no supimos mas de él. En fin, el Bar Florida para mi es un entrañable recuerdo de Lomas de Zamora.

 

Carlos Ochoa Blanco

Carlos Ochoa Blanco

Colaborador Revista Argentinos.es

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