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Betiana Baglietto

Betiana Baglietto

Redactora Jefa at Argentinos.es
Periodista, escribidora. Con un pie en cada orilla. Más de 10 años en España, y aún no pierdo el acento. Loca por Bruno y Mateo

El escritor argentino afincado en Barcelona publica ‘La conspiración de los mediocres’, precuela de la serie policial sobre el comisario Lascano.

La última vez que hablamos con Ernesto Mallo, su voz nos llegaba del otro lado del Atlántico. Buenos Aires, para ser más específicos, escenario donde vive el más conocido y querido de sus personajes de ficción, el comisario Lascano. El escritor platense se ha mudado, por amor, a Barcelona, y desde allí presenta estos días su nueva novela, La conspiración de los mediocres, precuela de su exitosa serie policial sobre el detective que lucha contra los delincuentes que están fuera y dentro de su propia institución. En este viaje a la juventud del policía, Mallo sitúa la acción en la Argentina previa a la última dictadura militar, para sumergir al lector en un mundo en el que conviven el asesinato y la impunidad del poder con una tormenta de pasiones amorosas, en un paisaje dominado por una jauría de asesinos a sueldo. En un país en el que manda López Rega y la Triple A, el Perro Lascano es ya un investigador de fuste a pesar de su juventud. Para quitarlo del medio, los mandos policiales le encargan aclarar el suicidio de un anciano alemán, en un terreno en el que no puede confiar en nadie, salvo en Marisa, con quien protagoniza una épica historia de amor.

-¿Qué diferencia al Lascano joven del que conocimos en los tres primeros libros, ya mayo?

-Que es menos experto pero más ilusionado con la vida, entendiendo su ubicación entre dos fuegos cruzados dentro de la Policía Federal, dividida en ese momento entre los seguidores de la Triple A de López Rega y los simpatizantes de la guerrilla de izquierda.

9788416465057_L38_04_x-¿Duele escarbar en una época dura que le tocó vivir a tu generación?

-No, yo me siento y escribo, no pienso en eso. Es verdad que la Triple A fue como el huevo de la serpiente del terrorismo de Estado que vendría luego con la dictadura militar. La metodología, las herramientas las inventó López Rega quien, cuando se produce el golpe de Estado, negocia su salida del país como embajador plenipotenciario a cambio de toda la información, archivos e inteligencia que habían recabado del peronismo de izquierda. Y ahí se revela que si Perón había usado a esa izquierda para organizar las elecciones y el triunfo de Cámpora, hace durar todo eso muy poco con el golpe posterior y el advenimiento de su gobierno de derecha y el de Isabelita, con López Rega y toda su locura como hombre fuerte.

En este primer caso, Lascano está a punto de renunciar a su puesto en la Policía. Sin embargo, pasa toda su vida allí. ¿Qué le hace seguir?

Lascano vive todo el tiempo con esa cosa de querer irse, es disyuntiva. Pero también piensa, y lo dice en la novela: “No voy a dejar todo en manos de los mierda”. Sabe que si lo deja, alguien pero que él ocupará su lugar.

-¿Quedan Lascanos en las fuerzas policiales argentinas de hoy?

Sí, los hay y yo los he conocido, al menos a un par de ellos. Es un tema que generó mucha polémica cuando se publicó la primera novela, porque los bienpensantes decían que durante la dictadura militar no había habido un solo policía bueno. Luego salió a la luz en Córdoba, el caso de una mujer que denunció la tortura y muerte de su padre, un comisario, a manos de sus compañeros, porque se negaba a seguir los procedimientos habituales de aquella época. Si hay 100 mil hombres en la Policía Federeal, yo digo que alguno bueno tiene que haber, ¿no? Además, todas las generalizaciones son injustas y absurdas. “Todos los policías son corruptos, los judíos amarretes, los vascos exagerados…”.

-En la historia se cruzan muchos caminos, ¿casualidad o causalidad?

No hay casualidades en la ficción y eso es lo que la diferencia de la realidad, que no necesita de la causalidad para ser coherente. La primera sí.

-Y el amor vuelve a ser un elemento esencial de la novela y motor del protagonista…

Sí, creo que en este libro en muchos momentos incluso supera a la trama policial. La historia de amor entre Lascano y Marisa adquiere características épicas y es el leit motiv del detective. Lo único que puede mejorar este mundo atroz en el que vivimos.

-Aunque, como decís en la trama, “el amor nunca triunfa cuando mandan las hienas”…

Pero nos da motivos para luchar y seguir viviendo, para dar sentido a una vida que no lo tiene.

-En un instante crucial de la trama, aparece el capítulo final de la famosa novela de Alberto Migré, Piel naranja. Contanos cómo se te ocurrió meterla.

Fue muy curioso, porque yo no la vi esa telenovela, pero me enteré que es la única de Migré en la que mueren los protagonistas, o mejor dicho los matan, y me pareció que estaba muy a tono con la época que describo, un detalle significativo, revelador. Y además mueren a manos de un señor mayor, cuando el enfrentamiento entre la izquierda y la derecha del peronismo, fue también una cuestión generacional.

-¿Qué lugar ocupan los mediocres en el mundo de hoy?

Ocupan el poder en todos lados. La oferta política es de una pobreza y mediocridad absoluta, y no me refiero sólo a Argentina. Hablo de todo el mundo. López Rega era un hombre mediocre, sin talento, hasta ridículo. Lo único que poseía era ambición. Fue un síntoma temprano de los otros mediocres y estúpidos que lo sucederían en el gobierno, los militares. Gente que no razona, no lee, no sabe pensar, no se entera. De tan ignorantes, tienen miedo a la crítica y al sentido del humor. No saben más que mandar con la muerte como instrumento.

-¿Ves a alguien que se salve de esa descripción en el mundo actual?

El Papa es un hombre con mucho talento para el mensaje y el discurso. Pero hago un paralelismo con Obama, porque el gatopardismo está más presente que nunca.

Francisco, latinoamericano, sonriente, progresista, de bonistas palabras, suplantó a Ratzinger, el jefe de la inquisición, miembro de las juventudes hitlerianas, cómplice de las violaciones de los curas a tantos niños. Obama, un negro simpático, elegante, liberal tomó el testigo de Bush, un criminal sin escrúpulos. Sin embargo, en el fondo son también mediocres, porque ninguno cambió ni va a poder cambiar nada. Ni veo a nadie que pueda hacerlo porque la política está más ligada al marketing y a los resultados, no hay quien piense en el ser humano ni en un futuro mejor para todos. Somos los hombres y mujeres anónimos los que hacemos andar el mundo haciendo bien nuestro trabajo cada día, siendo personas honestas y honradas. Como dijo Borges, quizás algún día nos merezcamos ser autogobernados.