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Romina Hidalgo Marchione
Después de años trabajando en diferentes empresas, en el área de comunicación y marketing digital, tomé la decisión de vivir de lo que realmente me apasiona: contar mis experiencias como viajera y ayudar a otras mujeres a disfrutar sus vidas haciendo lo que más les gusta, vivan donde vivan.
Romina Hidalgo Marchione

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La bloguera de viajes y coach profesional nos lleva por los paisajes infinitos de la patagonia argentina.  

Aterricé en Argentina embarazada de seis meses, con mi marido y una pareja de amigos españoles que están tan enamorados de nuestro país como nosotros. Nuestro primer destino después de Capital era Bariloche, desde donde viajaríamos en coche hacia San Martín de los Andes para luego recorrer la ruta 40 al revés y parando en cada uno de los lagos de la famosa Ruta de los Siete Lagos.

 

Llegamos a Bariloche en avión y casi sin pisar la ciudad, iniciamos nuestro viaje a San Martín de los Andes, una hermosa ciudad enclavada en la cordillera de Los Andes argentina, sobre la costa del lago Lácar. Es un remanso de paz que invita a quedarse a vivir.

 

Paseamos por las callecitas de la ciudad, cenamos en uno de sus pintorescos restaurantes del centro y nos fuimos a descansar. Nos hospedamos en una cabaña de madera preciosa y rodeados de naturaleza. Y al despertar nos fuimos directos a la costa para disfrutar de un paseo por la orilla del lago antes de embarcarnos en una de las grandes aventuras de este viaje: un día de relax en Quila Quina. Se trata de una villa a orillas del lago Lácar con vistas preciosas, senderos por los que perderse y lugares tranquilos donde comer algo de picnic e incluso meter los pies en el lago.

 

Al día siguiente y para bajar la comida de la noche anterior (cordero patagónico asado) subimos al mirador Bandurrias, donde disfrutamos de unas vistas espectaculares tanto de la ciudad como del lago. El acceso al mirador pertenece a la Comunidad Curruhuinca así que al bajarte del coche, te piden que abones la entrada por persona y ya se puede empezar a transitar el sendero. No es nada difícil ya que yo lo hice embarazada de seis meses y no tuve inconveniente.

 

Ruta de los Siete Lagos

El Camino de los Siete Lagos es un tramo de la ruta 40 que une San Martín de los Andes con Villa La Angostura, en la provincia de Neuquén. Es una ruta que siempre había deseado recorrer, especialmente desde que me contaron la historia del viaje que hicieron mis bisabuelos por ella en un escarabajo cuando eran jóvenes. Así que poder recorrer esos mismos paisajes para mi fue un sueño hecho realidad.

 

La ruta de los siete lagos es un recorrido precioso de bosques, cerros nevados, lagos grandes y pequeños, y más de 100 km de asfalto para recorrerla cómodamente y disfrutando de cada paraje.

 

Los lagos que componen la ruta de los siete lagos son: Lago Lácar, Lago Machónico, Lago Faulkner, Lago Villarino, Lago Escondido, Lago Correntoso, Lago Espejo. Y cada uno es muy diferente entre sí. Y cada cual más hermoso.

 

En el camino no hay casi lugares donde comer, por lo que es interesante llevarse algo de picnic, aunque nosotros conseguimos encontrar un pequeño restaurante en medio de la ruta donde pudimos comer unas ensaladas y algo de carne y pasar un lindo rato con el dueño.

 

Para merendar, nos fuimos a Villa Traful, donde visitamos el lago del mismo nombre y tomamos un chocolate caliente en la única cafetería abierta del pueblo.

 

Otro lago que visitamos que no pertenece a la Ruta de los Siete Lagos pero que merece la pena conocer es el Lago Hermoso, al que se llega tras un desvío de 2 km. Sus aguas cristalinas y el entorno que lo rodea son espectaculares.

 

Como nuestro viaje terminaba en Bariloche, también visitamos el Lago Nahuel Huapí, que aunque no pertenece al conocido Camino de los Siete Lagos, es igual de hermoso que los que sí y tiene la ventaja de que se puede acceder andando desde el centro de la ciudad.

 

Al terminar la Ruta de los Siete Lagos, pensé en mis bisabuelos españoles que un día la recorrieron maravillados por su belleza, como yo, argentina de nacimiento, me maravillo con los paisajes de su España querida. Y volví a España con la idea en la cabeza de que si algún día vuelvo a vivir a la Argentina, una cabañita en San Martín de los Andes sería una hermosa elección.