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Sergio A. González Bueno

Sergio A. González Bueno

Persigo la oda del gol; un soneto de campeón; un poético caño, una trova de 'rabonas'; una estrofa de Diez; una copla de aliento... ¡Fútbol y letras!
Sergio A. González Bueno

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El paso de Argentina por Brasil confirma la presunción. Aquello que comienza mal indefectiblemente termina mal. O peor. La proyección al Mundial 2022 alarma. Aún ganando la Copa América –los milagros suceden sin explicaciones racionales–, la Selección debe cambiar. No nos puede confundir una potencial final o un título inédito. No sabemos a lo que jugamos, carecemos de guión, gambeteamos la planificación. En idioma Copani, “lo atamos con alambre, lo atamos”… Seguimos pensando que Messi nos debería salvar.  

 

Y no le damos el sustento de un equipo que lo ayude. Cambiamos entrenadores cada quince minutos. El tiempo pasa y Leo sigue cumpliendo años. Estamos desperdiciando la era Messi.  El sinsentido nos define. Al nombrar a Scaloni, la AFA rompió la cadena de méritos. Años a, el DT de Argentina era el mejor. Aquel que reunía títulos y prestigio. Luego, podía irle bien o mal. Lo que no estaba en discusión era su idoneidad. El tiempo –sumado a la ineptitud de los dirigentes– degradaron aquella máxima. A modo de patética excusa, los voceros de Viamonte claman: “Ningún DT de élite quiso agarrar”. ¿Por qué será? La autocrítica es un ejercicio que ignoran. Y lo hacen premeditadamente. 

 

En dicho contexto, un triunfo ante Qatar se festeja como un campeonato. Entiendo el desahogo. La eliminación en primera ronda hubiese sido bochornosa. Mucha presión y angustia contenida. Sin ánimo apocalíptico, la primera rueda de Argentina en la Copa América fue una brutal analogía de lo que vimos en Rusia. ¿La diferencia? En el Mundial nos enfrentamos a Francia. En Brasil, el rival será Venezuela. Desde ya, ninguna subestimación. Más bien todo lo contrario. La Venezuela de Dudamel es un equipo. Y la Argentina de Scaloni vive de la inspiración de Messi y el Kun. No obstante, Francia fue el último campeón del mundo. Y Venezuela no jugó nunca un Mundial. El dato es insoslayable. 

Retomo el concepto. Sin importar el desenlace, Argentina debe patear el tablero. El “Flaco” Menotti no puede ser una figura decorativa. O un títere de Tapia. Es un insulto a su capacidad. Menotti debe alzar la voz y elegir un entrenador competente. De mínima. El DT de la Selección debe ser elegido por quien sabe de fútbol. Y ese no es Tapia. No se puede construir desde la incompetencia. Luego, la AFA sigue siendo un cambalache. Aunque haya ordenado las cuentas. Del 38/38 a nombrar un DT sin antecedentes. Del Sampaoli es el mejor entrenador del mundo al golpe de estado en Rusia. ¿Alguien se hará cargo de lo que pasó en el Mundial? El día que Sampaoli hable la bomba de relojería detonará en la AFA. Se los puedo asegurar. Y podría seguir enumerando hechos insólitos. No se puede gobernar en el desgobierno. Todo muy bizarro.

La esperanza –o la zanahoria que nos ponen para calmarnos– se llama Marcelo Gallardo. Hoy por hoy, el candidato. Al Muñeco lo avala su presente y el futuro. Es un entrenador 3.0. Obsesivo, versátil, vanguardista, idóneo. Gallardo es el Klopp de Sudamérica. No se le escapa un detalle, nunca le pesó dirigir a un grande, hizo del Millonario un equipo copero. El éxito de Gallardo es una consecuencia. ¿Será el elegido? ¿Gallardo aceptará convivir con Tapia y compañía? Interrogantes varios. Entre tanto, la prensa amarillista hizo una pausa. A la espera de que Messi quede eliminado de la Copa América. Ahí volverán a la carga. De Tapia y los buenos muchachos que lo secundan no dirán nada. El culpable siempre será Messi. Y si se produce el milagro, minimizarán la gesta. ¿Qué dirán? Sí, pero no ganó un Mundial. Son tan patéticos como Tapia. Y soy muy generoso con ellos.