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Gabriela Tassile
Chef, Asesora Gastronómica y Catering.
Gabriela Tassile

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El pasado 12 de septiembre se materializó un sueño largamente esperado con la publicación de Los Sabores Perdidos, la novela que ha escrito mi admirada Raquel Martos  y en la que tengo el placer de participar con mis recetas.

Raquel es periodista y escritora de éxito. Nos conocemos desde hace mucho tiempo y cuando empecé a darle vueltas a la idea de escribir un libro de recetas, fue ella quien me vino a la mente entre destellos de alegría.  Me encanta su manera de emocionar, transmitir y sobre todo, su manera de sacarle una chispa de humor a una experiencia dura o complicada de transitar. 

Cuando le conté de mi idea de hablar del alimento como emoción… de la posibilidad de viajar en el tiempo a través de un bocado… de los aromas y sabores que tenemos impregnados en nuestro paladar… de las recetas que nos acompañan a través de nuestra vida… de los lugares y de las personas que encarnan esas historias, enseguida quedó entusiasmadísima.  

Raquel captó la magnitud de lo que se cuece detrás de cualquier receta que se transforma en un bocado sublime para una persona y así nació su preciosa historia trufada con mis  recetas, donde cada personaje quiere experimentar su sabor único e irrepetible. 

La trama de la novela nos convoca a asistir  a un curso de cocina emocional en el que Mayte, su protagonista, es la profesora que se plantea el reto de ayudar a sus alumnos a encontrar el sabor de sus recuerdos. Cada uno de ellos con vidas sin nexos aparentes comienzan a desgranar sus historias y con ellas todas las emociones contenidas. 

Dos días que darán mucho juego con momentos de ternura, tensión, compasión o disgustos, pero al final  los llevará a constatar que alrededor de una mesa o de una olla siempre hay más coincidencias que divergencias, se salvan prejuicios, no hay límites ni fronteras, hay unión y encuentro…experimentan el acto de cocinar como un momento que trasciende la elaboración del alimento físico y se transforma en la preparación de un alimento espiritual del que ninguno podemos prescindir, porque su ingrediente principal es el amor.

Al final, era de este ingrediente principal del que quería hablar yo a través de mis recetas, porque “sin amor no hay cocina”. 

Para mí cocinar es  una forma de querer a los demás, un momento de entrega y generosidad. Mi primera preparación fue con 9 años haciendo “Albóndigas Duquesa” para celebrar el  Día del Padre. Toda la inocencia y amor puro en un plato. Hoy siendo profesional del mundo de la gastronomía trato de rescatar ese mismo espíritu, tratando que mis clientes puedan disfrutar de una comida especial, en la que el alimento no sea sólo a nivel físico sino también un abrigo para el alma. 

Yo soy una suma de “sabores perdidos”, aunque aquí les dejo uno de mis preferidos desde de mi niñez: los alfajorcitos de maicena. Siempre presentes en las celebraciones de mi cumpleaños. Cada vez que los hago o pruebo viajo a esos días de otoño en mi San Lorenzo natal. Revivo la ilusión de estar cocinando para mi familia y amigos.

Os recomiendo como no podía ser de otra manera la lectura de esta novela porque estoy convencida de que todos podríamos añadir nuestro propio capítulo con nuestro sabor perdido. Esa receta que nos saca una sonrisa o nostalgia a pesar de los años y distancia. Que de eso sabemos mucho los argentinos extrañando los sabores de nuestra patria….

No quiero finalizar este relato sin agradecer desde lo más profundo de mi corazón la compañía de Raquel Martos en esta aventura extraordinaria y a Ediciones B por su apoyo incondicional desde el primer momento. ¡Millones de gracias!

Alfajorcitos de Maicena

  • Ingredientes:

  • 150 gr de mantequilla
  • 150 gr de azúcar
  • 2 yemas
  • 1 huevo
  • 200 gr de maicena
  • 250 gr de harina
  • 1 cucharadita de Royal
  • Ralladura de limón a gusto
  • Gotas de vainilla a gusto

  • Relleno:

  • 500 gr dulce de leche pastelero Chimbote
  • Coco rallado cantidad necesaria

Preparación:

Pasar por tamiz la harina, Royal  y la maicena. Hacer una corona en la mesa de trabajo. En el centro colocar la mantequilla y el azúcar e integrar bien. Añadir la ralladura de limón y las gotas de vainilla.

Incorporar las yemas una a una y mezclar bien con la ayuda de una cuña o tenedor.  Poco a poco ir incorporando los ingredientes secos. Formar una masa sin amasar, solo integrar bien.

Llevar mínimo una hora la masa a la nevera para poder estirar bien. Una vez transcurrido el tiempo sugerido estirar la masa con el rodillo sobre la mesa con un poquito de maicena. La masa tiene que tener medio centímetro de grosor aproximadamente. Cortar con un cortapastas o con un vasito.

Calentar el horno previamente. Colocar los círculos sobre papel de silicona.

Hornear a 165º unos 10-12 minutos, sin que se doren en absoluto. 

Retirar. Dejar enfriar. 

Con la ayuda de un cuchillo untar una tapita con bastante dulce de leche. Tapar con otro círculo de masa. En todo el borde también untar una película fina de dulce de leche y pegar coco rallado en toda la circunferencia.

Foto: Santiago Pirrone

Foto: Santiago Pirrone