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NO HAGAS CASO, HAY QUE DECIDIRSE.

Aunque tengas faltas de ortografía no te prives de escribir. Hay personas con buenas ideas que no se atreven a plasmarlas en un papel, por miedo a errores ortográficos y a ser ridiculizados.

¿Qué es una falta de ortografía? Pues es algo que en la Real Academia de la Lengua todavía no se les ocurrió decir que no era error ortográfico. Por tanto si decides escribir cuentos, novelas, poemas, etc. quizás no te hagas famoso, pero te darás el gusto de sacar lo que llevas dentro.

Y si por suerte eres un genio, tus libros serán revisados por correctores y publicados por una editorial. Pero además, si tienes éxito y te haces importante, quizás llegues a la RAE y entonces allí podrás ser tú el que convenzas al resto de colegas, que esa falta de ortografía que tanto te agobió en tu niñez y juventud, puede dejar de ser un error ortográfico. Eso le sucedió a nuestra querida “LL” y la “CH” que desaparecieron del abecedario y que en nuestra infancia, si te las olvidabas, al escribir el abecedario o mencionarla en un examen oral, tenias castigo en la nota.

Pero no solo en el idioma lo que antes era error ahora no lo es, también pasa incluso hasta con la “palabra de Dios”, que la van cambiando según las modas. Los que aprendimos los rezos en nuestra infancia, para hacer la comunión, resulta que ahora nuestra comunicación con Dios es imposible, porque ya nos han cambiado hasta el “Padre Nuestro”. ¿Qué significa esto? Pues que por lo visto, Dios ya se modernizó y tu rezo antiguo no será comprendido en el cielo.

Por tanto, tú escribe, no te importe que te corrijan los eruditos que conocen las reglas de ortografía. Si alguno lo hace, ponte contento o contenta, pues es un buen síntoma, porque han invertido parte de su tiempo en leer lo que has escrito, pero además piensa que hay muchos que saben todos los secretos de la mecánica de un coche, pero no saben conducir ese coche en una carrera. Es decir, que tú puedes ser muy buen conductor, corredor o chofer, aunque no sepas cuantas piezas tiene un motor. Hay médicos que saben las calorías que tiene cada producto alimenticio, pero son incapaces de freír un huevo.

Yo entré en el mundo de la fotografía pensando que la foto magnifica era obra de un  genio, que no se equivocaba. Pero cuando entras en este mundo, ves que aunque en el artista hay una parte de genio, igual que el que escribe, pinta o hace música, también hay una gran parte de fallos, pruebas e incluso montones de fotos de un mismo tema, tomadas a la vez, para poder conseguir la foto que a él o a ella les parece mas perfecta.

Lo importante es no acomplejarse pensando que uno tiene fallos. Eso no nos dejará expresar lo que sentimos. Da lo mismo si escribes, pintas, haces fotos, música, etc. Si te gusta hazlo y no prestes atención a aquellos que te desaniman, aunque sea con buena intención. Cuando ya estás en la recta final de tu vida te das cuentas la estupidez que es hacer caso a unas normas que, cuando ya no estés en el mundo o incluso quizás antes, te las van a cambiar. ¡Cuántas tardes de catecismo me pasé aprendiendo rezos de memoria, para que luego llegue un señor al Vaticano y me cambie la formula, porque a ellos les pareció oportuno modernizar la iglesia! Si hubiese sido Dios lo admito, pero no, fue alguien en la cúpula de la iglesia que por cuestión de marketing decidió que había que cambiar rezos, decir la misa de frente, dejar el latín, ponerle minifalda a las monjas y que los curas dejen la sotana. Si eso lo hubiese hecho algún cura o monja, por su cuenta, en la época de la inquisición, hubiesen terminado en la hoguera.

A mi edad me di cuenta que presté demasiada atención a muchos que creí que sabían mas que yo y que pensaba que tenían razón. La realidad y el tiempo, me han demostrado que no era así. Pero por desgracia el tiempo también pasó para mí y lo mismo que le sucede a un avión, cuando le queda poco espacio para despegar, ya está todo perdido para alcanzar altura.

No te frenes creyendo que tienes defectos, pues en la vida hay muchos y muchas que se creen perfectos y se pasan el día corrigiendo a los demás y al final llegan a viejos sin ser nada mas que un obstáculo abortador del vuelo de los indecisos.

En la escritura, como en las carreras de coches, el escritor es el piloto y el corrector el mecánico. El piloto no necesita saber mecánica y el mecánico quizás no tenga la pericia del piloto para conducir el bólido y ganar una carrera, pero si el piloto no se atreve a conducir, pensando que no sabe mecánica, al final nunca sabrá si habría podido triunfar en esa carrera.

Un saludo. Carlos A. Ochoa Blanco

Carlos Ochoa Blanco

Colaborador Revista Argentinos.es

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