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Simple y llanamente ansiedad

La ansiedad parece que resuena en nuestros oídos desde hace un tiempo. Por supuesto, no es una emoción nueva. Es una emoción natural  y muy presente en nuestra vida desde siempre, ante situaciones agradables, como el nacimiento de un hijo, o no tan agradables, como la que nos ha traído el covid. Es una emoción adaptativa que nos permite desplegar estrategias para afrontar distintos eventos (externos o internos) a lo largo de nuestra vida.

Entonces ,¿por qué hablamos tanto de ansiedad ahora?

La incertidumbre característica de estos momentos nos aleja  de nuestras rutinas, de nuestro ritmo habitual de vida, en resumidas cuentas, hemos tomado distancia de lo que nos resultaba conocido: “la normalidad”. Nos hemos visto obligados a abandonar nuestra zona de confort que no siempre es agradable pero, al menos, es conocida. Hemos entrado en “la nueva normalidad” y esto genera inseguridad ya que han cambiado las reglas y, como si fuera poco, además cambian constantemente.

La mayoría de nosotros no ha vivido una situación como la actual. No sabemos qué va a pasar, no sabemos cómo va a evolucionar, no sabemos cuándo va a terminar, no tenemos el control.  Percibimos como riesgo esta nueva situación  y se disparan nuestras alertas. Cuando, además, lo que está en juego es nuestra vida y la de nuestros seres queridos, el miedo nos invade y conquista nuestro día a día generando un estado de alerta constante. 

La ansiedad aparece, entonces, como consecuencia de haber acumulado tensión, de haber perdido la homeostasis. Sube la adrenalina y el cortisol  y nuestro organismo lo registra como una señal de alarma.

Comenzamos a sentir que algo malo nos está pasando, sentimos una preocupación excesiva por lo que está pasando y nos domina la fórmula “y si…”: “y si me contagio”, “ y si me despiden”, “y si no me llaman”, etc. Nos sentimos inquietos e irritables, perdemos la paciencia a la primera, nos cuesta concentrarnos y hasta aparecen, tensión muscular, síntomas físicos de variada índole que no hacen más que aumentar nuestro malestar original.

 Entonces, ¿qué podemos hacer?

Tenemos, en general, una intolerancia a la incomodidad  y lo que hacemos naturalmente es huir y  evitarla. 

La medicación es una salida fácil. Y con esto, no le quito valor porque es verdad que en muchos casos es necesaria para luego poder realizar el trabajo necesario para afrontar la ansiedad. Cada día aumenta  el consumo de benzodiacepinas y esto se debe a varios factores (automedicación, me lo da una amiga, sistemas de salud con pocos  profesionales y escaso tiempo para dedicarle al paciente, etc). Pero distintos estudios muestran que es mucho más eficaz entrenarse para enfrentar la ansiedad que el uso de ansiolíticos. 

La huida es la salida más fácil pero también es mentirosa porque el problema y su origen permanecen, nos alejamos pero no desaparece.

ENTENDER  y escuchar el mensaje que nos trae la ansiedad es el mejor camino.

Como dije más arriba, la ansiedad es una consecuencia, no es origen. La pandemia y todo lo que la acompaña: desempleo, problemas económicos, riesgo físico, disminución del contacto social, pérdida del contacto físico con familiares o amigos, restricciones de movilidad, etc., son factores que podríamos llamar ansiógenos, es decir, que pueden generar ansiedad en cualquiera de nosotros. Sin embargo, la manera en cómo cada uno de nosotros gestiona ese malestar, esas sensaciones, esas emociones que le producen estas situaciones es algo totalmente personal.

Es importante saber reconocer los síntomas y poner en marcha recursos para afrontarlos pero también es muy valioso distinguir, en la medida de lo posible, cuáles son los factores que me la provocan. Nos toca aprender a vivir con esta incomodidad y aceptar nuestra vulnerabilidad. Reconocer que no siempre podemos con todo, y darnos oportunidades para liberar la tensión acumulada tanto a nivel físico como emocional.

Si bien no hay fórmulas mágicas, existen distintas técnicas y estrategiasque podemos utilizar para ayudarnos a sobrellevar la ansiedad. Pero es muy importante llevarlas a cabo con constancia y disciplina. 

  • La respiración es una gran aliada para bajar la ansiedad. Sí, tomarnos unos minutos sólo para ser conscientes de nuestra respiración puede bajar la ansiedad

  • Actividades físicas como el yoga, pilates o caminar.  Actividades de mayor exigencia física no son recomendadas por la noche.
  • Darnos pausas o pequeños recreos a lo largo del día, tanto para relajarnos como para hablar con alguien de lo que nos está pasando, puede ayudar a que esto no ocupe todas las horas de nuestro día. 
  • Poner por escrito nuestros pensamientos  y emociones para leerlos más tarde y verlos con otra perspectiva.
  • Dedicar sólo un rato al día para informarnos y elegir las fuentes.
  • Tomar descansos de las redes y de las nuevas tecnologías.
  • Priorizar lo urgente e importante y aprender a delegar y así encontrar tiempo para nosotros. 

Prestar atención, reconocer y valorar nuestras emociones, respetar nuestros tiempos en la medida de lo posible, dedicar momentos al cuidado de nosotros mismos (cuerpo, mente y emoción)  y mantener contacto estrecho con nuestros afectos pueden ayudarnos a aliviar la ansiedad.

Lic.Corina Márquez: Ig y Facebook @Psico_corma

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